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jueves, enero 25, 2007

'Driving Miss Daisy' (1989) de Bruce Beresford; sencillez en estado puro



Boolie Werthan (Dan Aykroyd) es un judío adinerado que maneja una gran empresa en Atlanta, Estados Unidos, en la década del 50’. Un día, su madre, Daisy Werthan (Jessica Tandy), comienza a tener problemas con su auto, ya que por la vejez no puede manejar como antes, ni siquiera sacar el vehículo de la casa. Es por esto que Boolie decide contratar a Hoke Colburn (Morgan Freeman) –un educado afro americano de edad- como chofer personal de la señora Daisy. Pero ella se niega a servirse de las asistencias que humildemente Hoke le otorga sólo por 7 dólares a la semana.

Durante el transcurso de la película la señora Daisy y su chofer Hoke, sin darse cuenta entablan una valiosa relación de amistad que lentamente se va haciendo más y más fuerte, perdurando por muchos años.

En un comienzo, Morgan Freeman le manifestó a Bruce Beresford, director de la cinta, que era estúpido llevar a la pantalla grande una historia acerca de un negro añejo y una anciana judía. No se imaginó nunca el impacto que dicha cinta causaría en la industria cinematográfica, resultando ganadora de variados galardones, tales como: mejor película, mejor actriz principal (Jessica Tandy), mejor maquillaje (Manlio Rocchetti, Lynn Barber y Kevin Haney) y mejor guión adaptado (Alfred Uhry) en los Premios Oscar, y además triunfando en los Globos de Oro, obteniendo tres galardones (mejor película musical o de comedia, mejor actor principal: Morgan Freeman y mejor actriz principal: Jessica Tandy… nuevamente) y muchos premios más en otros festivales.

Esta absorbente historia que mezcla comedia y drama de manera sutilmente calibrada, proviene de un guión fabricado para una obra teatral, escrito por el mismo Uhry, quién además se encargó de adaptarlo para el cine. Uhry se hizo tan famoso con este título que llegó a ganar el Premio Pulitzer para obras dramáticas. Y no está demás recalcarlo, pues el relato impactó de sobremanera en lo más profundo del público.

Una conmovedora historia que se desliza por la simplicidad de calidad, rozando incluso aspectos de valor social, como por ejemplo el racismo y la relación humana retratada de manera particularmente enternecedora. Sin grandes tumultos escenográficos se retrata las décadas pasadas, y el resultado se eleva a la altura de la narrativa, gracias al tremendo impulso interpretativo que alcanza Freeman, en uno de los mejores papeles de su vida, sin olvidarnos de la fallecida Jessica Tandy, quién plasma el peso de la edad de manera espléndida, tanto física como psicológicamente.

Un film que hay que ver. De esos que se contemplan con suavidad, con fina determinación, café caliente en mano, y mucho frío en alrededor. Esta es una película de otoño, para verla con la familia. Muy linda.

Por Sebastián Chávez Peña

viernes, enero 19, 2007

Donnie Darko (2001) de Richard Kelly; si de repente fuese el fin del mundo



De vez en cuando aparecen ciertas películas que hablan de esos temas que a uno tanto llaman la atención, como viajar en el tiempo o el fin del mundo. No obstante, suele ocurrir que casi siempre nos encontremos frente a una súper producción desde Hollywood destinada a recaudar mucho dinero y argumentar muy poco contenido […]. 'Donnie Darko' es un caso contrario, es distinta. Posee bastantes interrogantes implícitas dentro de un conjunto de situaciones, que a la larga colapsa en nuestra reflexión más profunda y nos deja un espacio libre para interpretar de cualquier forma lo que acaba de ocurrir delante de nuestros ojos.

Richard Kelly forja un excelente comienzo, pues este es su primer trabajo como director en un largometraje. El tipo escribe bien. Ha hecho unos cortos para nada malos. En sus capacidades abunda la dinámica ocurrencia; ya era hora de mostrar lo suyo. Y le fue bastante bien, pues la película obtuvo una larga lista de premios y nominaciones en numerosos festivales de cine fantástico e independiente, entre ellos el Premio al Mejor Guión en el Festival de Cine Fantástico de Sitges del 2001 y, sin lograr una gran recaudación, obtuvo un merecido prestigio entre los fans de este mismo género.

La historia, estructurada en juegos del tiempo y el espacio que se entrecruzan, tomando extractos netamente psicológicos, ha impresionado a un público abierto, que ha catalogado la cinta como una sesión de culto. Compleja e inteligente, dicha narrativa sirve como escape de la realidad y toma como fondo ambiental la década de los 80’s, en un estado lleno de sorpresas, dónde nada es lo que parece. El extraño y perspicaz sentido del humor que adopta en ciertas ocasiones la película, crea un aire de simpatía hacia el espectador, que se disuelve con las inauditas condiciones que Jake Gyllenhaal - protagonista-, sufre durante los 122 minutos que dura el film. Llena de psicodelia añeja, se contempla acorde con los diálogos, personajes y contextos en esencia, algo así como pensar que aquello nunca ocurriría en nuestros días.

Se presenta a la familia Darko como un estereotipo americano, donde nada extraño ocurre y todo es relativamente perfecto. De pronto, las cosas comienzan a tornarse gris en cierto modo, y las impresiones van cambiando a cada minuto. El resto del reparto -Jena Malone, Beth Grant, Patrick Swayze, Mary McDonnell, Etc.-mayoritariamente, está muy bien, cada personaje aporta lo suyo para complementar los trozos que uno a uno se estructuran circunstancialmente, dando forma a un relato completo y satisfactorio a grandes rasgos.

Jake Gyllenhaal aparece increíble, con una audaz interpretación refleja fielmente la depresión juvenil que se acostumbra a ver en los chicos norteamericanos a esa edad con un certero toque permanente de esquizofrenia paranoica, que adhiere credibilidad y coherencia en variados aspectos. Con el personaje de Donnie, Gyllenhaal fue nominado para el Independent Spirit Award como mejor actor. La actuación de este como un muchacho perturbado y demente le otorgó buenas críticas y le ayudó a conseguir más popularidad dentro del mundo del espectáculo.

La inclusión del texto LA FILOSOFÍA DE LOS VIAJES EN EL TIEMPO de Roberta Sparrow, es definitivamente un gran punto a favor, ya que además de servir como referencia para Kelly, al escribir y comenzar toda una aventura dónde el plato fuerte recae en las dimensiones paralelas y los portales del tiempo, se nos muestra al personaje de la “Abuela Muerte”, quien supone ser Roberta Sparrow.

Si no fuera porque en ciertos instantes se solidifican algunas escenas sobre complementándolas con música de The Cure, Joy Division, INXS, Tears For Fears o Echo & The Bunnymen entre otros – en general, bandas adecuadas a finales de los 80’s, que por lo mismo no dejan de ser excelentes-, dando la impresión de ser mini “videos clips”, dentro de la misma película, tendría la puntuación más alta, pues de alguna forma detienen la locomotora del concepto, y atrasan la idea de avanzar con el argumento de la historia. Pero este detalle se vuelve diminuto si se conserva los atributos primarios y se mantiene constante la idea madre del largometraje.



Un neo-clásico del cine independiente, 'Donnie Darko' es la clave para entender lo desconocido, involucrarte de lleno en una misteriosa filosofía sobre lapsos desorbitados que vienen y van sin rumbo fijo. Recomendable sin duda; largometraje infaltable en la filmoteca de un verdadero amante del séptimo arte […].

Por Sebastián Chávez Peña

martes, enero 16, 2007

'Stupeur et Tremblements' (2003) de Alain Corneau; otra fascinante mujercita francesa llamada Amélie

De verdad es desconcertante saber que existen tantas películas buenas en la vida y uno a veces ni siquiera se entera de su presencia. Esto pasa la mayoría de las veces con el cine independiente, y más aun si hablamos de films extranjeramente internacionales. ‘Stupeur et Tremblements’ es el mejor ejemplo para reafirmar mi argumento. Y es que la película de Alain Corneau es tan mágica como la misma ‘Amélie’ de Jean-Pierre Jeunet, quizás por el nombre… quizás por el idioma, que sé yo. Así como Amélie Poulain fantasea con su entorno ultra francés, la protagonista de esta película -que por cierto también se llama Amélie- se figura imaginativos pensamientos con asombrosas frases filosóficas extraídas de la vida misma, eso sí, relativas a un entorno oriental. Hasta el momento esto puede sonar absurdo, pues ustedes dirán “qué tienen que ver los asiáticos acá”. Mucho... Yo les responderé con la trama…

Esta genial película está basada en el elogiado libro autobiográfico del mismo nombre, que escribió la verdadera Amélie Nothomb, es decir, estos son hechos reales que vivió una mujer muy anormal, con una entelequia infinita manoseada hasta en momentos inimaginables.

Una vez egresada de la Universidad de Bélgica, Amélie regresa a Japón para desempeñarse laboralmente en territorio nipón, ya que desde pequeña se lo prometió a sí misma volver allí algún día. Ya en la ciudad, comienza su carrera profesional en una gran empresa, donde poco a poco descubre la competitividad de los asiáticos por desempeñar sus destrezas en el comercio, las humillaciones comparativas y la obsesiva tendencia de los orientales a producir más que el resto del mundo. Pero Amélie no se rinde tan fácilmente, y de manera irónica y a la vez mágica nos relata perspicazmente como logra sobrevivir en semejante infierno, con una comedia divertidísima, no de esas que están echas para reír y punto, si no que más redonda, “cabezona”, con pizcas de drama y por sobre todo mucha pasión en las palabras.

La manera en que Corneau formula el escenario japonés y a su vez, la propia Nothomb retrata a los personajes asiáticos, resulta bastante fidedigno y más cercano –por muy lejano que esté Japón-, todo un punto a favor para la cinta, ya que sirve para adoptar cierta perspectiva y concentrarnos más en las entretenidas ocurrencias de Amélie. Casi siempre en las películas que ahondan temáticas similares se retrata exageradamente el mundo oriental, generalmente con sus héroes excesivamente falsos, casi sacados de una serie animé. Quizás eso sea del gusto de muchos –y me incluyo-, pero créanme que cuando aparece una comedia que no usa esta técnica, resulta ciertamente admirable.

Sylvie Testud interpreta maravillosamente a la carismática Amélie, con su aspecto pelirrojo y muy europeo, creando una especie de desprecio visual en plena multitud de ojos achinados. Con un excelente manejo del idioma francés y japonés, Testud se representa casi así misma con este excéntrico papel, se nota de lejos.

Recomiendo a quienes están aburridos de los iterativos “madafaka” y los “wasgoinon” Hollywoodenses ver este fenomenal film, con esta interesante propuesta de “choque cultural” entre la joven belga Amélie y los amos del mundo ejecutivo.

Por Sebastián Chávez Peña

lunes, enero 15, 2007

'World Trade Center' (2006) de Oliver Stone; Un poco más que petulante patriotismo



Nueva York, 11 de septiembre del 2001. Dos policías pertenecientes a la Autoridad Portuaria de la gran ciudad, John McLoughlin y William Jimeno, quedan sepultados bajo los escombros del World Trade Center, tras intentar evacuar gente de una de las dos torres impactadas. Oliver Stone relata la tragedia que marcó la vida estadounidense y al mundo entero, resaltando un punto de vista más psicológico de la desdicha americana, centrándose en la vida personal y conyugal de los dos uniformados.

La trama de 'World Trade Center' reúne el dramatismo puntualmente en las parejas de estos dos valientes héroes, ya que la perseverante lucha por no perder los nervios ni las esperanzas se personifica en el papel de Donna McLoughlin y Allison Jimeno, dos mujeres que, paralelamente, deben soportar la larga incertidumbre que conlleva saber el estado de sus maridos.

A través de las experiencias personales que vivieron y compartieron John McLoughlin, su esposa Donna McLoughlin, William Jimeno y su señora Allison Jimeno, la inhábil escritora de guiones Andrea Berloff redacta esta espesa historia no muy fácil de diluir, que el aclamado (últimamente ni tanto) Oliver Stone se encarga de dirigir, poniendo todo de su parte para sorprender a un público más gringo que “mundial”, pero aportando sus mejores intenciones y expresiones ambientales que, aún así, no deja de lado ese tedioso fervor por lo propiamente gringo, nada raro en este tipo de cine.

El comienzo de la película es notable. Los primeros 60 minutos están más que bien logrados, pues los hechos fluyen como corresponden, no se centran tanto en lo que todos hemos vistos una y otra vez en la televisión, y con esto me refiero a la imagen de los aviones estrellándose en las torres y los pedazos de cemento cayendo desde el cielo, llenos de polvo; creo que en ese sentido Stone evitó caer en el popular convencionalismo pronosticado más de alguna vez. Además, es en los inicios de los acontecimientos donde se instala un poderoso enganche para el desarrollo posterior.

Lástima que todas esas expectativas que se pintan muy lindas en la apertura de la cinta decepcionen rotundamente minutos después, pues es en la mitad de la película donde reincidan sus fallos más notorios, para luego rematar con un final que vuelve a la tendencia del comienzo. En el cuerpo de esta cinta abundan escenas repetitivas, diálogos sin sentido que están de sobra, intentos desesperados por producir una emoción forzada, tanto para nosotros como para ellos mismos (los personajes), y por sobre todo un lentísimo ritmo que definitivamente no debería haber aparecido en una situación como la de acaecida por los protagonistas.

Stone siempre exprime todo el potencial de sus actores, independientemente si sus películas sean buenas o malas. En ‘World Trade Center’ quizás la palabra “exprimir” no sea la adecuada, pero sí las interpretaciones satisfacen las expectativas. Nicolas Cage (como John McLoughlin) y Michael Peña (como William Jimeno) están bien, aceptables. Sus actuaciones se basan más en imitar la manera en que vive un policía común y corriente a demostrar lo buenos que son en la actuación, especialmente el gran Cage. Con Maria Bello (como Donna McLoughlin) y Maggie Gyllenhaal (como Allison Jimeno) se nota más en la expresión tácita del desenvolvimiento exegético, como mujeres de casa tan aferradas a sus parejas que ni el derrumbamiento de las dos torres más grandes del país les importara más que la posible muerte de sus respectivos maridos. Esto porque, como mencioné anteriormente, el film gira entorno a una temática psicológica, un punto de vista más íntimo. Es por esto mismo quizás que el atentado del 9/11, en esta película, lo vemos sólo como un escenario para contar una historia de esperanza, solidaridad y grandes corazones.

Con respecto a la impresión visual de la película, es necesario recalcar escenas que se acomodan espléndidamente a la realidad. La ambientación tiene un 10/10, pues uno se imagina haber estado allí; especialmente aquella perfecta secuencia del desplome de una de los rascacielos sobre los protagonistas.

Pero hay que ser realistas, un documental resulta más interesante, pues por lo menos vemos perspectivas más variadas. Tanto patriotismo cansa.

Por Sebastián Chávez Peña

viernes, enero 12, 2007

'Capote' (2005) de Bennett Miller; el poder de la palabra



Truman Capote fue un gigante, único, todo un personaje que cambió el ritmo de la historia a través de sus magistrales novelas llenas de controversiales tópicos, tales como 'Breakfast at Tiffany´s' (1958) o la renombrada 'In Cold Blood' (1966), 'novela-documento' que relata el asesinato, sin motivo aparente, de los cuatro miembros de una familia de Kansas. De esta última novela, y con un asombroso resultado, el debutante […] director Bennett Miller extrae desde las entrañas del pasado los esclarecimientos que dieron motivos a su obra literaria más gloriosa, la cuál se convertiría en un éxito instantáneo y transformaría a Capote en un genio del género periodístico y retórico norteamericano. Con un poderoso guión -Basado en el libro homónimo de Gerald Clarke-, tanto en verosimilitud como en narrativa, Dan Futterman sorprende de igual forma, recreando una perfecta ambientación de los hechos.

Para esto hay que aplaudir también la delicada y finísima fotografía de Adam Kimmel -quien también estuvo a cargo la reproducción visual en la película de Ted Demme, Beautiful Girls, en 1996-. Tomas precisas, elegantes, que aluden mucho a las sofisticadas escenas del cine de antaño, como si fuera una recreación divina dispuesta a aferrarse posiblemente a todo lo que tenga sabor añejo, tomando muy en serio el diseño de producción y el elaborado montaje en sí, ambos conceptos muy bien manejados.

La trama va más o menos así. En un frío noviembre de 1959, el ya famoso escritor Truman Capote, se haya en su agradable sala de estar leyendo un artículo del New York Times, en la sección de noticias, que refiere, principalmente, al feroz homicidio de los cuatro miembros de la familia Clutter en su apartada granja de Kansas. Capote analiza esto y se queda sugestionado al instante. Sucesos similares aparecen en los periódicos todos los días, pero hay algo que llama la atención del periodista. Y es así como Truman decide investigar aquel caso, y gracias al auspicio de la revista donde trabajaba (The New Yorker), logra emprender un viaje hacia el lugar de los hechos, junto a su casi inseparable amiga de la infancia Nelle Harper Lee. Ya en Kansas, Capote se adentra con todo en el asunto, tanto que decide entregar cada minuto de su valioso tiempo al controversial delito y dejar de lado el supuesto artículo para dedicarse por completo a la elaboración de un libro, basado en el sangriento homicidio múltiple y optando por ubicar a los dos asesinos como protagonistas del show, siendo específico, a uno de ellos, Perry Smith, de quien aparentemente se enamora.

Naturalmente, la maravillosa actuación de Philip Seymour Hoffman -actor galardonado por este mismo papel con la estatuilla dorada al mejor actor principal en la septuagésima octava entrega de los premios Oscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood- se roba toda la atención de la cinta. Carismático e intrépido, humanista y susceptible por donde se le mire, el personaje de Capote, interpretado por el premiado actor, se impregna en la retícula del espectador, con esa amanerada personalidad que a más de alguno llama la atención. Ya era hora que Seymour Hoffman fuese valorado como el tremendo actor que es, no cabe duda de que fue muy adecuada la elección de los demás actores (miembros de la academia) que componen el jurado correspondiente a la votación. Ya se ha visto en muchos filmes el virtuoso talento de este señor, era casi imposible dejar pasar esta especial ocasión, donde el actor norteamericano exprime todo su potencial artístico y da vida con un alto grado de credibilidad a un dificultoso y excéntrico personaje del cuarto poder estadounidense.

No es que sobren los demás actores, al contrario, por ejemplo el papel de Perry Smith, que interpreta Clifton Collins Jr., se adecua con total simpleza y armonía al conjunto de condimentos que ensalza la película. No es que sea una tremenda “performance” la de Collins Jr, pero sin duda contribuye de manera tal que, prácticamente, al momento de plasmar los diferentes actos, se nos enseña más de historia contemporánea que de cine-ficción-entretenimiento. Cabe destacar también la presentación de Catherine Keener (Nelle Harper Lee), Amiga fiel de Truman durante el lapso de la cinta. Como la mayoría de las veces, Keener se luce frente a las cámaras nuevamente, con una veracidad en su respectivo personaje al momento de interpretar.

Quizás parezca un poco densa si no se logra enganchar desde el comienzo, pero una vez presentados los personajes, de seguro es imposible escapar de la atractiva propuesta que se nos exhibe el impresionante y aclamado debut del antes mencionado director, no olviden nunca este nombre… Bennett Millar… promete. Recomendable en variados sentidos.

Por Sebastián Chávez Peña

martes, enero 09, 2007

'Moby Dick' (1956) de John Huston; La Fabulosa Aventura del Capitán Ahab

La novela que escribió Herman Melville en los años 50’s del siglo antepasado es adaptada por uno de los directores más grandes de todos los tiempos, John Huston, imagen perpetua de Spielberg y demás directores que arriesgan la credibilidad de sus historias con admirables y a la vez comprometidos efectos especiales.

Huston, con la ayuda de Ray Bradbury transforma en guión la ancestral novela de Melville ‘Moby Dick’, profundizando a la perfección el relato de la colosal peripecia que el capitán Ahab tuvo a bordo del buque “Pequod” en busca de la legendaria ballena blanca.

Se supone que el protagonista es Ishmael (Richard Basehart), un pescador viajero que a pié y bajo una tormentosa lluvia llega a un pueblo repleto de marineros. Junto a los demás tripulantes emprenden un viaje bajo el mando del misterioso capitán pata-de-palo- Ahab (Gregory Peck) -que al parecer cumple mejor función de protagonismo que el personaje de Basehart-, quién aparentemente los guiará en la labor de cazar ballenas y recolectar su aceite. Pero el viaje toma otro rumbo cuando en el comandante Ahab despiertan ansiosos ánimos de enfrentarse a la ballena que consumió su alma, se llevó su pierna y cicatrizó su piel. Los demás pescadores acompañan a su capitán en esta gran aventura, todos menos Starbuck (Leo Genn), puesto que sus extremadamente correctas creencias de este marinero se lo impiden.

La cinta fue filmada en la bahía de Las Palmas de Gran Canaria, en las fiestas navideñas de 1955. Para el personaje de Moby Dick se creó una inmensa maqueta que, por entonces, cautivó al mundo cinematográfico con semejantes fragmentos del film que surge en el clímax de la narrativa, donde la acción predomina entre los valientes tripulantes y el inmenso ballenato blanco.

En esta película, según mi opinión, bastante infravalorada por la crítica, es indispensable recalcar ciertas escenas que indisputablemente fueron de lujo y siempre lo serán, dignas de remarcar en un cuadro dorado. Desde un comienzo, tenemos la voz de Ishmael en off, describiendo las convenientes premisas para un mejor entendimiento de este gran cuento, lo que por cierto ya es suficiente como para acomodar el ambiente de una película que procede de una adaptación literaria. Esta voz reaparece a medida que la historia avanza. Se nos da a conocer una sensación de despecho general, que surge dentro del “Pequod” en todos los pescadores, no obstante de modo disímil en algunos de ellos. Incluso la aparición de Orson Welles como predicador de las peligrosas aguas parece ser perfecta.

Contada de manera redonda, construida sin alborotos y con un atento sosiego que se agradece, especialmente en este tipo de cine, hacen que este trabajo valga la pena mirar. Las interpretaciones de Gregory Peck y el resto del elenco logran con creces transportar al espectador desde la butaca (o en mi caso, desde mi propia casa) hasta las tablas que conforman el piso del buque ambulante, donde se viven las aventuras más colosales que el mar haya visto.

Huston rehace lo imposible y escudriña donde nadie lo imagina para obtener los resultados precisos, y con esto me refiero al hecho de retratar un clásico con facilidad, y convertir necesariamente otro más. Esta historia maravillosa, que de seguro te contaron cuando chico, forma parte de la fantasía eterna que el ser humano posee, esa que demanda los episodios más mágicos de tu vida.

Por Sebastián Chávez Peña

domingo, enero 07, 2007

'Lady in the Water' (2006) de M. Night Shyamalan; Para Ver Esta Película Sólo Tienes que Creer…

Recuerdo haber leído severas críticas en contra de la última entrega de M. Night Shyamalan, ‘Lady in the Water’, tantas que por un momento llegué a creer que todo eso era cierto. En todas las revistas y los diarios decía más o menos lo mismo: "desde ‘Signs’ del 2002 que este realizador ha estado haciendo pura basura". De todas formas yo siempre disentí de las opiniones generales. ‘Signs’ provocó mucho en mí, porque hablar de ovnis –temática popular (¿?) que me fascina- en una mega producción no es tarea fácil, y más todavía si se cuenta con la actuación de estrellas que aparecen en pelis taquilla –o en esta ocasión, las dirigen también- como lo es Mel Gibson. Por otra parte, ‘The Village’ pudo ser mucho mejor de lo que se planteó en un principio, sin embargo, no por eso deja de ser una entretenida historia digna de narrar, que si bien es cierto que su resultado es inferior en comparación a la anterior, se disfruta de igual forma.

La cosa es simple. Esto de que si Shyamalan va de mal en peor o todavía sigue haciendo buenas películas es sólo cuestión de subjetividad. Resulta casi imposible ser objetivo frente a cintas tan controversiales como las que comprenden su filmografía.

De lo que estoy seguro es que nadie puede negar la capacidad de narrar historias casi imposibles de configurar que tiene este director de sangre indo americana. Una mente brillante para idealizar personajes pequeños e incursionar en senderos cargados de pura fantasía sin despegar un pié de la urbanización contemporánea y la cotidianeidad.



En esta ocasión vuelve a hacer lo mismo, pero a mi parecer, con más vivacidad, entusiasmo y color. ‘Lady in the Water’ se trata de una hermosa joven llamada Story, que inesperadamente aparece en la piscina de un condominio, asegurando ser una ninfa o narf proveniente del mundo azul; interpretada por la hija de Ron Howard, la bella Bryce Dallas Howard. El encargado en terreno del departamento, un tipo llamado Cleveland Heep (Paul Giamatti) la descubre, y comienza investigar sobre ella, descifrando los motivos que la traen al “mundo terrestre”. Y es así como descubre que Story sale a la superficie con la misión de lograr una perfecta armonía entre el mundo del hombre y el mundo azul, la cual dejó de existir hace miles de años por culpa del mismo ser humano: “que no sabe escuchar”. Es por esto que el cometido de esta extraña visitante náutica en tierra firme es contactarse con Vick Ran (interpretado por el mismo Shyamalan), para que de alguna forma ilumine su inspiración y finalice el libro que, según Story, cambiará el rumbo de la sociedad y lo guiará a la paz, tanto en los habitantes del mundo de los hombres entre sí, como en la valiosa relación que alguna vez hubo entre ellos y los nativos de las profundidades marinas.

Pero las cosas no son tan fáciles como parecen. Existen también los “Scrunts”, que son unos lobos gigantes con el pelaje de pasto, que perfectamente pueden esconderse en cualquier parte del herbaje. Según la leyenda, estos lobos de aterrador aspecto impedirán a como de lugar que las ninfas cumplan su misión.

A grandes rasgos, todas las interpretaciones escasean de defectos o falencias –quizás un poco el papel de Vick Ran, pero entre tanto punto a analizar pasa un tanto desapercibido-. Por el contrario, Paul Giamatti realiza una fidedigna actuación que aporta al film más de lo que a simple vista parece. Sin Giamatti la cosa hubiese sido muy distinta. La propia historia hubiese tomado un rumbo sumamente inexistente y todas las envolturas que poseen los pies puestos sobre la tierra se hubiesen elevado tanto, al punto de perder verosimilitud en la narrativa.

Pero son los ojos de Bryce Dallas Howard los que se roban la película. Sí, esa mirada… que con sólo unos segundos en cámara revela una tierna incertidumbre bañada en una honesta inocencia, similar a la de una pequeña de 5 años que teme ver más allá.

En todo caso hay que admitir que la cinta no es perfecta. Pues puede ser que de una historia corta, Shyamalan haya expandido innecesariamente el metraje hasta alcanzar lo oficialmente estimado como largometraje, ya que sin ningún problema ‘Lady in the Water’ pudiese haber sido contada en menos tiempo. Pero… vamos, esta es la historia que Shyamalan le contaba a su pequeña antes de dormir, es decir, estamos hablando más de una satisfacción personal que de un “Blockbuster”.

Cabe destacar además la excelente música original que el maestro James Newton Howard contribuye al trabajo fílmico, un exquisito banquete de adecuadas melodías que NO podrían adaptarse mejor a las escenas.

Ahora entiendo porqué la voz popular odia las cintas de este admirable director. La mayoría recalca con fastidio la transformación del cine de Shyamalan, que cada vez se está volviendo más fantástico, a tal punto que llega a parecer absurdo. Lo que pasa es que en este mundo hace falta magia, eso es todo. Pasa lo mismo con las películas animadas, las impresiones al verlas son aceptadas, pero de alguna forma menoscabadas por ser precisamente creación computarizada y obviamente ficticia. Pero detrás de esto hay cierto grado de realidad que se maquilla y no a propósito para difundir un mensaje claro y que casi siempre se pasa por alto. ‘Lady in the Water’ es lo mismo señores, debes creer en lo que don Shyamalan relata, es más que ficción, todo está basado en los macro problemas que invaden esta humanidad; es lo mismo que dice Bono de U2 pero según mi criterio con más pasión. ¿Te habías dado cuenta?

Por Sebastián Chávez Peña

'The Terminal' (2004) de Steven Spielberg; Esa Sensación de Vivir en un Aeropuerto



Lo que más se nota en esta película es que Spielberg nos intenta plasmar una impresión humanitaria por donde sea posible, apoyándose en una inteligente comedia con una trama bastante original. Refrescante. Algo nuevo. No obstante, a medida que los minutos avanzan nos encontramos frente a esas típicas escenas cómicas, infaltables en el perfecto mundo yanqui, aquellas que acostumbran a ser imprescindibles en una cinta que tenga como una de sus principales misiones retratar a la sociedad norteamericana. Son algunos detalles los que destiñen con un leve grado de predicibilidad. Esto, quizás, hizo que en ciertos momentos -cuando estaba viendo el film- mis expectativas se volcaran un tanto, creyendo más en la idea de que Jeff Nathanson -guionista del largometraje- se basó -en gran medida- en el estereotipo convencional de comedias, las más populares y accesibles para la mayoría del público (estilo que marca el sello de Spielberg) al momento de armar la historia.

Tom Hanks nuevamente demuestra que es un genial actor, realizando el complicadísimo papel Viktor Navorski, un eterno pasajero procedente de una ficticia ciudad llamada Krakozhia ubicada al oeste de Europa, quien decide realizar un significativo viaje a New York con la intención de ayudar a su padre a conseguir la firma de un viejo jazzista y de esta forma cumplir una personal tarea de valor sentimental. Al llegar al Aeropuerto JFK de Nueva York, se entera por la televisión que su país ha sufrido un golpe revolucionario; que algunos mandatarios fueron asesinados y que además la situación del estado había empeorado tanto que de alguna forma las condiciones legales desacreditaban la existencia de dicha nación a causa de esto. Por ende, automáticamente el pasaporte de Navorski pierde valor y es rechazado por las autoridades del aeródromo, lo que obliga al protagonista a quedarse a vivir allí y no pisar suelo americano hasta que los sucesos en Krakozhia se acaben. El asunto es que durante nueve meses Viktor debe adaptarse en su entorno, lograr sobrevivir y además superar los obstáculos que Frank Dixon (Stanley Tucci) -encargado de los asuntos correspondientes a turistas e inmigrantes- interpone sólo para mantener sumo cuidado de las reglas, pasando por alto ciertos valores caritativos, que forman parte del principal concepto de la película. Por si esto fuera poco, al mismo tiempo, Navorski se enamora de una atractiva azafata llamada Amelia Warren (Catherine Zeta-Jones). Entonces surgen más condimentos y se forma una gran ensalada de adheridos a la temática principal, lo que hace atractivo y un tanto interesante el film -hasta cierto punto-.

En cuanto al supuesto romance de Zeta-Jones y Hanks ocurre una notoria inexactitud, pues si bien es cierto que al rotar las posibilidades en un film se logra sorprender y a la vez cautivar al espectador, también es necesaria la precisión y tener mucho cuidado al hacerlo. Nadie imaginó que las cosas entre ellos hubiesen terminado de esa forma, todos esperábamos un final predecible pero concreto, sabíamos a lo que íbamos y aún así no se sentía como una película más del montón, el revoltijo de emociones en los entornos ya nos había deleitado lo suficiente. Pero no, ocurre algo que descoloca el sentido de la cinta y cambia la dirección de las respuestas, sin embargo, no se le puede pedir más a un director que… su punto débil… siempre hayan sido las relaciones de pareja… en toda su filmografía. Entonces, queda claro que el largometraje va en busca de otras cosas, lo que podría tomarse para bien o para mal, descartando y aceptando uno que otros puntos.

La original historia está inspirada en la vida del iraní Merhan Karimi Nasseri quien vive en la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional Charles de Gaulle desde 1988. Aunque en la película proviene de un país ficticio llamado Krakozhia, Viktor Navorski habla en búlgaro. El guión fue escrito por el periodista Sacha Gervasi y reescrito por Jeff Nathanson quien ya había trabajado antes con el director en 'Catch Me If You Can' (se nota bastante la influencia de este guionista en el modo de proyectar las ideas de Spielberg, mucho más serias y con otro tono).

La calidad interpretativa siempre se caracteriza en las películas de Spielberg, y esta vez no es la excepción. Tom Hanks aparece genial y no hay nada que omitir a la realización del personaje de Catherine Zeta-Jones, pero sin duda el que realmente sorprende es Stanley Tucci, quien logra una esplendida definición de un hombre desesperado por mantener un aire burócrata frente a los más grandes gerentes, la policía y sus respectivos empleados. De los actores secundarios cabe destacar el papel de Kumar Pallana -Gupta Rajan- (quien también hizo el personaje de “Pagoda” en la película 'The Royal Tenenbaums' de Wes Anderson), cuyo brillante humor alternativo en complemento a lo que le va ocurriendo a Viktor, es sin duda un gran aporte al film en sí.

A pesar de haber argumentado lo que según mi opinión no estuvo del todo bien en la película, la recomiendo abiertamente, ya que se disfruta un montón las aventuras de Viktor Navorski y compañía, me divirtieron los diálogos y los curiosos acaecimientos que se forman a medida que se van cumpliendo los minutos. Sólo queda olvidarnos de que Spielberg es grande y tratar de evitar percatarnos de los errores, pongámonos en la situación de que esta cinta es el resultado de un director buscando otros vientos y a su vez tratando de superarse a sí mismo, creo que de esa forma tendría mejor cabida en el criterio de cada uno.

Por Sebastián Chávez Peña

jueves, enero 04, 2007

'Peeping Tom' (1960) de Michael Powell; El Placer de la Escoptofilia



El surgimiento de una nueva década trae un verdadero clásico del cine ‘Snuff’ (género en el cuál se exhiben escenas donde se tortura, viola y asesina con el único objetivo de registrar estos hechos por algún medio audiovisual) que desglosa algunos semblantes del voyeurismo (fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican el hecho de observar ocultamente a personas, desnudándose o que se encuentren en plena actividad sexual) provocando un intangible círculo erótico alrededor del film. Junto a Hitchcock (‘Rear Window’), Michael Powell discierne en la interesante mente psicópata desde perspectivas de bastante enganche, y es por ello que a estos dos grandes del cine siempre se les refiera como lo más destacables visionaros del psicoanálisis humano mediante la cinematografía.

El empalme visual denota un poderío tremendo, con una tenebrista fotografía que alude indiscutiblemente al expresionismo alemán. Desde el comienzo, podemos apreciar como toda una onda tétrica con muy leves detalles de índole sensual brotan en la penumbra sensorial que la cámara ofrece, tanto en primera persona, como en plano general.

Esta cinta se centra más en la narrativa –basada en la historia original del escritor Leo Marks, que además se encarga del guión- que en los personajes. Mark Lewis (Karlheinz Böhm) no es precisamente un ente convencional dentro de los rostros neurasténicos que buscan placer con la muerte de los demás, más bien es un sujeto raro –como cualquier demente de este tipo- apartado de lo imaginable, que se arma de una “cámara asesina”, la cual posee en uno de los pies del pedestal de la misma un arma blanca bien afilada. Con esto pretende satisfacer su desarrollada escoptofilia adquirida desde pequeño, filmando los detalles de la muerte de sus víctimas, en este caso sólo mujeres. La idea es grabar el rostro de sus mártires en la cinta fílmica y crear una especie de documental, con un propósito “supuestamente” fundamentado… la búsqueda del miedo, o algo así. Pero antes de ser un maniático impulsado por un morbo Psicológico… es un hombre, ¿Y cuál es la debilidad de un hombre? Mmm… exacto, la mujer. Helen Stephens (Anna Massey) se vuelve un obstáculo para Mark en la finalización su siniestro propósito, pero la dulce fragancia del amor impide que se de cuenta, ni siquiera en su continuo intercambio bipolar de personalidad.

Podemos notar la enfermedad de Mark con mayor albor en una escena con la madre de Helen, la señora Stephens (Maxine Audley). En dicho acto, la doña, por ser ciega, presiente un aura misteriosa en Mark, y es así como decide averiguar quién en verdad es este tipo, debía hacerlo, pues su hija estaba saliendo con él. Se mete a escondidas en la casa del protagonista y éste lo descubre. Mark siente que la señora Stephens ha descubierto su preciado secreto, aquel que lo separa de la realidad en la que vive. Por ello decide completar el documental asesinando de la misma forma a la madre de Helen, pero al ver que su rostro no daba señas de ninguna expresión dramática (por ser ciega y no ver la afilada lanza sobre su cuello), se detiene pasmado, suelta la cámara y huye, reparando en que al cometer el crimen no habría placer de por medio. Esta secuencia refleja de mejor manera la explicación del porqué Mark no es un asesino, si no sólo un enfermo más.

Con todo esto se podría visualizar una serie de turbadoras escenas en la mente, pero es mi deber anunciar que no es tan así la cosa. Está claro que Mark hace de las suyas en varias ocasiones provocando vivacidad a la película, sin embargo es en el final, donde a diferencia de los sustos cuasi invariables de Hitchcock, Powell dispone de todas las sorpresas en un punto conclusivo, cerca del desenlace de la cinta.

Las actuaciones, especialmente la de los personajes principales desprestigian quizás un tanto el resultado final de este gran trabajo, pues hay veces que no se cree mucho lo que está pasando, y eso puede que explique la nota 8/10 que le he puesto.

Lo mejor de esta película, es que quizás desde aquí o un poco antes, comenzaron las tendencias populares de crear personajes con serios problemas mentales como peligro social, sin nombrar a Powell como el mayor expositor. No obstante, ‘Peeping Tom’ puede alardear de aquello, pero yo lo veo más como un film de culto para comprender las raíces del miedo, o como dice la frase de la misma: Do you know what the most FRIGHTENING thing in the world is ...?

Por Sebastián Chávez Peña

miércoles, enero 03, 2007

'Rear Window' (1954) de Alfred Hitchcock; Un Detective Casual



Está demás anunciar que el maestro Alfred Hitchcock es considerado uno de los mejores directores de la historia del cine, e indiscutiblemente, el padre del género “suspense”. Para entenderse de manera más profunda dentro del mundo del séptimo arte, es fundamental pasearse por algunas de las mejores cintas que éste realizador inglés ha plasmado en la historia del cine. Una de ellas es la cautivadora Rear Window. En esta ocasión demuestra con ganas su innegable capacidad de desplegarse en territorios psico claustrofóbicos, razonando sobre la capacidad humana desde un peculiar punto de vista.

John Michael Hayes crea una adaptación de un cuento corto de Cornell Woolrich, que Hitchcock se preocupa de ejecutar con una académica estrictez, repleta de grados reveladores, en un estilo tan propio de éste legendario cineasta.

El aclamado actor James Stewart interpreta en esta ocasión a Jefferies, un fotógrafo que permanece sobre una silla de ruedas en su departamento debido a un accidente que tuvo en el trabajo, hace algunas semanas atrás. Sin mucho que hacer, pasa el tiempo mirando las demás residencias desde su apartamento, contemplando las vivencias de sus vecinos en detalle con la ayuda de sus prismáticos. En uno de esos vistazos descubre algo raro en una de las moradas. Uno de los vecinos, Lars Thorwald (Raymond Burr), comienza a actuar de manera extraña y muy sospechosa, al mismo tiempo de la repentina desaparición de su mujer. Es por esto que Jefferies, con la ayuda de su novia Lisa (Grace Kelly) y su empleada Stella (Thelma Ritter), decide descifrar tal misterio utilizando una matemática intuición, para luego tratar de convencer al incrédulo detective Doyle (Wendell Corey) -su amigo personal por lo demás- de que ha ocurrido un homicidio.

Con un impecable desarrollo de los eventos, y una perfecta atmósfera de calculado suspense, el incomparable Hitchcock consigue crear una pulcra cinta repleta de buenas ideas y bien conjeturados y a su vez cabales diálogos, con grandes personajes de verosímil carácter, lo cual juega bastante a favor en su efecto.

James Stewart se ha desempeñado en las mejores películas de la historia, fue realmente una de las joyas cinematográficas más preciadas del mundo Hollywoodense, y en ‘Rear Window’ demuestra lo que desde los años 30’s lo mantuvo ocupado, realizando uno de los mejores papeles de su carrera, aun estando sentado durante toda la cinta en una silla de rueda; aquello no fue excusa para dejar de exponer su acabada capacidad en la actuación.

El papel de Lisa, que la hermosa Grace Nelly da vida y forma con pasión, excava en campos amorosos al manifestar su amor en medio de las ocurrencias relacionadas a la historia principal, lo que al mismo tiempo aporta un exquisito dinamismo argumental a este glorificado film.

Una película esencial, digna de cualquier elogio ferozmente exagerado. Al ver este omnipotente trabajo, mis ojos se han llevado el mejor regalo de fin de año que cualquier ojo humano haya recibido durante el regular 2006 –para muchos, me incluyo-, pues me he dado el lujo de ver esta cinta una tarde del 31 de diciembre del año pasado, ¡Y qué manera de despedir el año, ¿no creen?!

Por Sebastián Chávez Peña

domingo, diciembre 31, 2006

'The Last Kiss' (2006) de Tony Goldwyn; Eso Que Pasa Después de Los 29



La película de Gabriele Muccino, ‘L'Ultimo Baccio’, es el punto de inspiración que une a Tony Goldwyn y a Paul Haggis en este proyecto titulado 'The Last Kiss', protagonizado por Zach Braff, Jacinda Barrett y Rachel Bilson.

Así es, Haggis adaptó la cinta de Mucccino y se puso de acuerdo con Goldwyn para que éste la dirigiese. La idea era difundir una historia ideal, una que indagara en la temática más solicitada y cuestionada, casi siempre, por personas que cursan los treinta… la del pánico a crecer y comprometerse en una relación, ser responsable… pero de verdad.

La trama principal trata sobre un tipo llamado Michael (Zach Braff), un afortunado arquitecto que convive con una hermosa mujer llamada Jenna (Jacinda Barrett). Juntos conforman una bella y joven pareja, muy bien vista por todos. El problema es que Michael no se siente bien con la relación, a pesar de tener todo lo que se propuso en la vida como persona. La razón es que Jenna tiene diez semanas de embarazo, y él, después de –obviamente- alegrarse por la noticia, descubre que no sabe si en realidad está realmente dispuesto a asumir semejante compromiso, tanto consigo mismo como con Jenna y el bebé. Es por ello que surgen leves dudas en su cabeza, las cuales se amplían aun más cuando Kim (Rachel Bilson) aparece en su vida de manera mágica y a la vez riesgosa y provocadora. Ella, estudiante universitaria, parece ser la mujer perfecta, una sensual chica que, con la excusa de que Michael se siente triste y atrapado en un mundo falso y sin amor, se propone conquistarlo con sus atrevidos encantos, reviviendo aquellos sentimientos que no volvió a sentir nunca más después de dejar los estudios, después de ser un adolescente y transformarse en adulto.

Las demás historias sirven para complementar la narrativa trascendental de este film. La situación de Chris (Casey Affleck) por ejemplo. Él es un sujeto parecido a Michael; digámoslo como metáfora: una visión del protagonista dos años después. Chris ya tiene un bebé, y vive día a día la metamorfosis de la que supuestamente alguna vez fue tierna, su esposa Arianna (Marley Shelton), que tras nacer su hijo cambió totalmente de actitud convirtiéndose en una desesperada e histérica madre, lo que perturba la mente de este joven a cada momento.

Por otra parte tenemos a Anna (Blythe Danner) y a Stephen (Tom Wilkinson), ambos padres de Jenna. Ellos pasan por una situación más o menos similar. Anna siente que su relación no posee la misma pasión que antes, poniendo en duda una posible ruptura final. Pero esta pareja demuestra inmediatamente el grado de madurez que la diferencia de la de Michael y Jenna, ya que a los 30 años de casados comprenden que, más que la “pasión”, un símbolo intangible de respeto y comunicación conyugal es lo que los debería unir a esas alturas.

Al principio, Goldwyn nos muestra una comedia con más que regulares anécdotas bien planteadas y directas. No obstante, tras suceder las escenas, y con notorias señas de que algo cambiaría en la atmósfera de la película, podemos descubrir claramente que la cinta pone en perspectiva un género más determinado y serio: el drama.

En el fondo la cinta se desliza en una materia simple y conveniente de manifestar. Michael, Chris, Kenny (Eric Christian Olsen) e Izzy (Michael Weston), son cuatro amigos de parranda que sufren la famosa “crisis de los treinta”, y que a través de ineludibles ejercicios de íntima meditación conforman llegar a un acuerdo de paz interior, todos menos Michael, otorgándole puntos suspensivos a su relación con Jenna en el final de la película. Una muy buena forma de fundir al negro la película, pues así Goldwyn da una oportunidad al espectador de juzgar cual es el final más adecuado.

La verdad duele en algunas escenas. Jacinda Barrett se introduce tanto en su papel de afligida que podemos sentir sus gritos en nuestra propia cara, como si fuésemos el desafortunado Michael. En ese momento podemos notar mucha más credibilidad que en su pasiva actuación de novia amorosa y perfecta de un comienzo. A su vez, Braff se la juega con un papel mucho más logrado que en “su” anterior film, Garden State, donde se nota una caracterización más explícita en los detalles donde predomina el diálogo en las escenas de más exaltación.


El soundtrack que se maneja en este film cuenta con grandes compositores y reconocidos grupos como Coldplay, Fiona Apple, Aimee Mann, Remy Zero, Athlete, Cary Brothers, Snow Patrol o Joshua Radin, entre otros. Una banda sonora de lujo, que sirve además como compilado de nostálgica incertidumbre amorosa, con temas que siguen una la línea acorde al tópico de la película.

Una entretenida cinta que se sumerge en problemáticas necesarias de analizar y muy pocas veces filmadas con tanta identificación y aceptables resultados como esta, pues me imagino que la mayoría de los actores ya va por los treinta, y probablemente la historia se asemeje mucho a sus realidades.

Por Sebastián Chávez Peña

miércoles, diciembre 27, 2006

'The Lake House' (2006) de Alejandro Agresti; Sutil Lucha de Amor Contra Tiempo y Espacio



Yo, que soy de esas personas que disfruta bastante de un sosegado estilo de cine, con películas hechas a disposición determinada de jugar con los aspectos más básicos de la vida real, y a su vez entremezclar la fantasía simulando que todo podría ser cierto en un frío mundo donde nadie cree nada, debo decir a secas que ‘The lake house’ me ha regalado una agradable tarde de verano.

Keanu Reeves y Sandra Bullock, tal y como lo hicieron una vez en la cinta de acción ‘Speed’, vuelven a unir sus dotes artísticos nuevamente, esta vez en una inusual historia romántica dirigida por Alejandro Agresti, que por cierto es remake… sí. El guión es adaptado por David Auburn de un largometraje Koreano lanzado hace seis años atrás, que por motivos de propagación fílmica internacional nunca pudimos ver y nunca lo haremos.

Vamos por parte. La trama es la siguiente; Kate Forster (Sandra Bullock) es una doctora que vive la vida debajo de una invisible nube de profunda melancolía. Inconforme con el amor que le da Morgan (Dylan Walsh), el típico novio provisorio que aparece de vez en cuando en su vida como el “peor es nada” -tan característicos en el mundo cinematográfico como en la realidad-, suspira día a día cuestionándose porqué dejó pasar tanto tiempo para encontrar su verdadero amor. Ella deja su casa, situada sobre un hermoso lago con una vista abundante de horizontes nostálgicos, para irse a vivir a la ciudad de Chicago. Antes de partir, deja en el buzón una carta para el futuro inquilino de la morada, con motivo de que éste remita el correo y así la haga llegar a su nuevo apartamento. Resulta que Alex Wyler (Keanu Reeves) es el nuevo arrendatario de la vivienda, y él mismo es quién descubre aquella nota, respondiéndola inmediatamente, tal como lo pidió la Dra. Forster. Lentamente, y a través de un constante intercambio de correspondencia, reparan en que ambos viven en tiempos diferentes, ella en el 2006 y él en el 2004. Con esto, además de iniciarse un casual romance, surge la idea de luchar contra las circunstancias que los separan, más allá de la disposición propia de los personajes, resistiendo al amor y haciendo frente al obstáculo cronológico, factor principal del largometraje.

Como argumento secundario, tenemos a Simon Wyler (Christopher Plummer), padre de Alex, quién posee una irregular relación con sus dos hijos, el hermano menor Henry (Ebon Moss-Bachrach) y por sobre todo con Alex. Tras fusionar aspectos de la trama principal, logran encontrarse el uno al otro sin obtener buenos resultados en sus conversaciones Padre-hijo. Quizás un aporte en su totalidad prescindible, pero que no ensucia ni atrasa la idea primordial, lo que anula de alguna forma lo que he dicho.

Si tuviera que describir la película con sólo dos conceptos, diría ‘tiempo’ y ‘amor’. Claro, y ustedes, los que la han visto deben pensar: ¿Y qué hay del destino? Bueno, a mi parecer se queda fuera. Tanto Kate como Alex poseen el poder de ordenar sus vidas como lo deseen, como debe ser si algún día estas cosas de la vida pasen en la vida misma, valga la redundancia. Imponiéndose por sobre la eventualidad de los acontecimientos, sosteniéndose de penetrantes relatos con voces en off, coqueteando en cada período de espacio análogo, parecido a un minuto pero semejante a miles de ellos.



Al principio supones que todo apunta a una teoría de universos paralelos, pero al cumplirse una duración determinada te percatas de que en el fondo están viviendo sus vidas dentro de un único cosmos, lo que hace que este trabajo audiovisual se convierta más aun en una amena narrativa artística. Pues bien, estando conscientes de que todo esto funda sus raíces en una fantasía oriental más, el ambiente en que está creada la película, sumando la patente química que existe en Reeves y Bullock, podemos decir sin titubear que a ratos se olvida que lo que está en pantalla es ficción, de que estamos hablando de portales en el tiempo. Es “el poder del amor que lo puede todo”… dicen.

Si bien, esta es una de esas películas donde ocurren cosas medio raras, es decir, eventos no convencionales teniendo como referencia las habituales cintas de romance, los protagonistas se desenvuelven en la historia de forma precisa y muy natural, como gente común y corriente. Quizás esto diferencia a ‘The lake house’ de pelis como ‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind’ por ejemplo. Sólo los insólitos hechos otorgan el toque “no común” al resultado, no los personajes.

Alejandro Agreste, muy seguro de sí mismo en la realización del film, dirige con clara certidumbre esta película, no obstante gracias a Doug Davison y Roy Lee, quienes reúnen un notable equipo de producción.

Se agradece también la inclusión de la compositora Rachel Portman como encargada de la banda sonora, que se involucra íntimamente de comienzo a fin, y luciéndose más que nada en las acertadas tonadas que comprenden las escenas de nostalgia, las cuales provocan sensibilidad, nos transporta al mismo lugar de los personajes. Me refiero a aquellas tomas donde el personaje de Alex se acomoda con cerveza mano, en la terraza de la famosa “casa en el lago”, para ver la puesta de sol que lo obliga a reflexionar sobre su situación con la doctora kate del futuro. Por cierto, el tema final, cuando aparecen los créditos, nada más ni nada menos que Paul McCartney mete mano con un hermoso tema llamado "This Never Happened Before".

Gracias a ello, todo se funde en una liviana atmósfera sensorial, que no abusa de las típicas acotaciones hollywoodenses y que deja fuera a un público ansioso de efectos animados, terror como plato de fondo o superficiales explosiones de acción. Esto es algo más profundo… bueno, no tanto, sin embargo, para nada del montón.

Por Sebastián Chávez Peña

lunes, diciembre 25, 2006

Oldboy (2003) de Park Chan-wook; Los Orientales Siempre Van a Ser los Más Originales, Siempre



Vuelvo a ver la película de Chan-wook Park y me doy cuenta de que me gustó mucho más cuando la vi por primera vez. Quizás sea por la perspectiva, distinta de lo habitual. Me explico, un amigo me comenta la trama minutos antes de decidir “conseguirla”; muy simple… Un tipo cualquiera, un don nadie, es raptado sin razón alguna, manteniéndolo en un cuarto durante 15 años. Le inyectan drogas y le dan de comer, lo visten, todo, hacen que subsista en un cuarto encerrado sin poder ver la luz del sol. Un día, a través de métodos hipnóticos, lo dejan libre en la parte más alta de un edificio, le dan dinero y un teléfono celular, y desde aquel momento debe cobrar venganza en tan sólo cinco días […]. Al oír esto uno dice… ¡Vaya! Genial, innovadora trama, etc. Y se larga a mirar la cinta con una disposición de estar frente a algo no muy común.

Pero lo mejor de todo es ir descubriendo la forma en que se narra la historia. Deriva una perspicaz manera de apreciar los detalles, que poco a poco se complementan con el espacioso testimonio. El guión de Hwang Jo-yung, Joon-hyung Lim y el propio Park Chan-wook –que a la vez se inspira en un cuento original de Garon Tsuchiya y Nobuaki Minegishi-, es realmente sorprendente, fascinante. No puede haber mejor muestra de que con un guión así de complementado se puede crear, en diferentes condiciones, un Buen film con B mayúscula.

El director Park Chan-wook ('Three... Extremes', 'Chinjeolhan geumjassi' ['Sympathy for Lady Vengeance']) consigue proyectar, con secuencias muy logradas e ingeniosas, una serie de efectos inmediatos, extrayendo la esencia del peculiar argumento y dando vida a una sólida base que colapsa en la atención del público. No obstante, su trabajo hubiese sido perfecto si no es porque en algunas ocasiones se nos entremezcla mucho la trama y la fotografía no ayuda lo suficiente como para que la cinta fluya con un tono más ligero, y de esta forma se nos despeje un poco más el camino. Pero es sólo un detalle que no desprestigia descabelladamente el producto final, y puede darse por alto si es que no se determina de mayor valor, ya que a pesar de todo, resulta mucho más placentera la idea de aclarar las incógnitas mediante la fotografía y oscurecerlas a través de las actuaciones, diálogos, escenografía, etc. De todas formas es sólo una opinión personal y no una regla constitucional […].

Min-sik Choi (Oh Dae-su) ejecuta con aires magnificentes una definición artística bastante significativa, que se armoniza a la perfección con el ritmo de la película; melodramática y a ratos desafiante, cada vez que corresponde no falla, es indudable que aquella interpretación resulta adecuada en todo sentido de la palabra. Por otra parte, la ternura e inocencia de Hye-jeong Kang (Mido) se torna indispensable para el desarrollo de los eventos, que influye en los pulsos emocionales que adopta la historia en los momentos de más auge dentro del largometraje. Y sólo para presumir más… una mente perversa, fría; Ji-tae Yu (Woo Ji-tae) encarna la maldad llena de rencor y decidida a acabar sus planes cueste lo que cueste. Grandes personajes, muy bien expuestos y adaptados.



La música a veces se cuelga innecesariamente con melodías fuera de tono, otras se queda perfecta, incrustándose en los cuadros de mayor intriga y formando un sólo armamento audiovisual que se plasma directo en los sentidos. El trabajo musical se eleva hasta el cielo en la cumbre más gloriosa (especialmente en las partes donde el drama se apodera de los personajes), pero casi previsiblemente recae en sus vuelos y denigra la gravedad de ciertas tomas (sí, ahora me refiero a las escenas de acción).

Una gran producción, digna de elogios y aplausos, que, por muy fascinados que nos deje, es nuestro deber dar cuenta de que en el fondo no es como para volvernos locos ni subir a las estrellas, sin embargo, deja bastante claro que la originalidad es un punto fuerte en la cinematografía oriental, y que si estas ideas se pulen un tanto más, y a su vez se multiplican, estaríamos rodeados de maravillas fílmicas en todo el mundo, y no solamente en tierras asiáticas. En definitiva, una película que nadie puede perderse.

Por Sebastián Chávez Peña

domingo, diciembre 24, 2006

'Mr. Smith Goes to Washington' (1939) de Frank Capra; Una Sabia Voz Joven en El Campo de Batalla



Eran las siete de la mañana y mis ojos se negaban a pestañear profundamente, había algo que me inquietaba, algo que no me dejaba dormir. De golpe reparo en que definitivamente esa noche no podría conciliar el sueño por más que lo intentase. Me revuelco de un lado hacia otro escuchando el soundtrack de 'Trainspotting' hasta que, después de tanto desvelo, me animo encender el televisor. La pantalla se ilumina y lo primero que aparece es una vieja película en blanco y negro que justo esta comenzando. Pesco el control remoto y presiono el botón de información para hacerme una idea de que se trataba todo. PELÍCULA: ‘El Caballero sin espada’ ('Mr. Smith Goes to Washington'), AÑO: 1939, DIRECTOR: Frank Capra, PUNTUACIÓN: 4/5 estrellas. Lo primero que me llamó la atención fue la nota, generalmente en todas las películas aparecen dos estrellas como puntuación, y uno que otro film con 3,5/5 a todo reventar. Pero cuatro estrellas era mucho, y eso era sólo un indicio de lo que estaba por venir.

Comencé a ver esta cinta con un leve entusiasmo, es decir, no me imaginaba nada antes de todo, no quise enjuiciarla por la extremadamente pequeña sinopsis que aparecía en el botón del cable: 'Un joven senador es humillado por llevar sus ideales al senado'; sólo me dejé llevar por los diálogos de apertura y el ritmo de la película tan honesto y a la vez prefabricado con total precaución, que en tan sólo unos minutos ya estaba pegado a mi pequeño gran reflector electrónico personal, mi tele.

Jefferson Smith (James Stewart) es un joven senador que, con sólidas motivaciones de hacer el bien a la comunidad, decide introducirse en el terreno político de Washington, gracias a la ayuda del otrora senador Mr. Paine (Claude Rains). Smith admiraba en demasía a Paine por su supuesto compromiso con el pueblo, y gracias a esto decide hacer algo por la gente, algo con el corazón, con la mejor y más pura intención, como pensó que era de verdad el asunto, una tarea limpia y solidaria.

Inevitablemente, todo conlleva a que Smith se meta en una cantidad de líos, rodeado de entes estatales completamente desconsiderados, la mayoría de ellos asegurando su propio pellejo, dejando de lado las necesidades del pueblo, guiados por el sendero del dinero y manejados como títeres por el macro-empresario-senador-corrupto, el señor Jim Taylor (Edward Arnold).

Pero nuestro protagonista no está solo. Clarissa Saunders (Jean Arthur), más que en una secretaria dispuesta a ayudar en lo que sea a su senador favorito, se convierte en la incondicional pareja de este perfecto idealista, y con su absoluto respaldo y sabia experiencia en los asuntos de política, entrena y aconseja de manera eficaz a Smith.

Con sólidas interpretaciones y concretos diálogos se estructura la frecuencia de este film -merecedor de 11 nominaciones, incluyendo oscar a la mejor historia original-, que conduce de manera inteligente y precisa hacia donde tiene que ir. Perfecta en su composición, el guionista Sidney Buchman redacta de manera espléndida la historia original del escritor Lewis R. Foster, constituyendo una pieza maestra, que incluso si su elenco fuese de actores de menor peso, la sensación de genialidad narrativa sería la misma.

Sin embargo, es en la calidad interpretativa donde se concentra la pericia de esta estupenda pieza cinematográfica. James Stewart –quién cumple 10 años de muerto el próximo 2007-se luce en uno de los papeles de su vida, dilucidando de manera brillante la personalidad de un activo quijote modernista. Por lo demás, las actuaciones de Claude Rains y Jean Arthur brillan tanto en sus emotivas expresiones, completamente introducidos hasta el fondo en sus personajes que, a su vez, funcionan como semejantes pilares de gran fundamento para la cinta.



No cabe duda de que el ojo fílmico de Frank Capra definitivamente es de lujo. Sus detalladas tomas, exactas en su contextura, otorgaban cierto estilo a las diferentes escenas, cada una de ellas captadas en su mejor amplitud, resaltando el drama en su punto, la raíces de un perfecto romance mezclado además, con un humor bien pulcro, tan propio de los años 30’s. Imposible es no percatarse de la gravedad que obtenían los sucesivos actos de esta fenomenal cinta cuando Capra ponía su vista en el lente, concediendo evidente vitalidad a los personajes con sólo unas pocas cámaras y dos colores básicos de entrada.

Ya me habían dicho que el cine de antaño era mejor, pero yo porfiado, ignorando aquellos comentarios y dejándome llevar por el enorme avance de los futuristas efectos especiales de hoy en día, me pierdo películas tan esenciales de los años dorados como ‘Mr. Smith Goes to Washington’, las cuales indiscutible poseen esa cualidad que rara vez vemos hoy en día en cartelera… mensajes directos, una clara misión humanitaria por difundir, y por sobre todo, mucha pasión, demasiada.

PD: A los que le interese, el 3 de enero a las 2:30 AM la van a pasar por el canal TCM.

Por Sebastián Chávez Peña