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viernes, enero 19, 2007

Donnie Darko (2001) de Richard Kelly; si de repente fuese el fin del mundo



De vez en cuando aparecen ciertas películas que hablan de esos temas que a uno tanto llaman la atención, como viajar en el tiempo o el fin del mundo. No obstante, suele ocurrir que casi siempre nos encontremos frente a una súper producción desde Hollywood destinada a recaudar mucho dinero y argumentar muy poco contenido […]. 'Donnie Darko' es un caso contrario, es distinta. Posee bastantes interrogantes implícitas dentro de un conjunto de situaciones, que a la larga colapsa en nuestra reflexión más profunda y nos deja un espacio libre para interpretar de cualquier forma lo que acaba de ocurrir delante de nuestros ojos.

Richard Kelly forja un excelente comienzo, pues este es su primer trabajo como director en un largometraje. El tipo escribe bien. Ha hecho unos cortos para nada malos. En sus capacidades abunda la dinámica ocurrencia; ya era hora de mostrar lo suyo. Y le fue bastante bien, pues la película obtuvo una larga lista de premios y nominaciones en numerosos festivales de cine fantástico e independiente, entre ellos el Premio al Mejor Guión en el Festival de Cine Fantástico de Sitges del 2001 y, sin lograr una gran recaudación, obtuvo un merecido prestigio entre los fans de este mismo género.

La historia, estructurada en juegos del tiempo y el espacio que se entrecruzan, tomando extractos netamente psicológicos, ha impresionado a un público abierto, que ha catalogado la cinta como una sesión de culto. Compleja e inteligente, dicha narrativa sirve como escape de la realidad y toma como fondo ambiental la década de los 80’s, en un estado lleno de sorpresas, dónde nada es lo que parece. El extraño y perspicaz sentido del humor que adopta en ciertas ocasiones la película, crea un aire de simpatía hacia el espectador, que se disuelve con las inauditas condiciones que Jake Gyllenhaal - protagonista-, sufre durante los 122 minutos que dura el film. Llena de psicodelia añeja, se contempla acorde con los diálogos, personajes y contextos en esencia, algo así como pensar que aquello nunca ocurriría en nuestros días.

Se presenta a la familia Darko como un estereotipo americano, donde nada extraño ocurre y todo es relativamente perfecto. De pronto, las cosas comienzan a tornarse gris en cierto modo, y las impresiones van cambiando a cada minuto. El resto del reparto -Jena Malone, Beth Grant, Patrick Swayze, Mary McDonnell, Etc.-mayoritariamente, está muy bien, cada personaje aporta lo suyo para complementar los trozos que uno a uno se estructuran circunstancialmente, dando forma a un relato completo y satisfactorio a grandes rasgos.

Jake Gyllenhaal aparece increíble, con una audaz interpretación refleja fielmente la depresión juvenil que se acostumbra a ver en los chicos norteamericanos a esa edad con un certero toque permanente de esquizofrenia paranoica, que adhiere credibilidad y coherencia en variados aspectos. Con el personaje de Donnie, Gyllenhaal fue nominado para el Independent Spirit Award como mejor actor. La actuación de este como un muchacho perturbado y demente le otorgó buenas críticas y le ayudó a conseguir más popularidad dentro del mundo del espectáculo.

La inclusión del texto LA FILOSOFÍA DE LOS VIAJES EN EL TIEMPO de Roberta Sparrow, es definitivamente un gran punto a favor, ya que además de servir como referencia para Kelly, al escribir y comenzar toda una aventura dónde el plato fuerte recae en las dimensiones paralelas y los portales del tiempo, se nos muestra al personaje de la “Abuela Muerte”, quien supone ser Roberta Sparrow.

Si no fuera porque en ciertos instantes se solidifican algunas escenas sobre complementándolas con música de The Cure, Joy Division, INXS, Tears For Fears o Echo & The Bunnymen entre otros – en general, bandas adecuadas a finales de los 80’s, que por lo mismo no dejan de ser excelentes-, dando la impresión de ser mini “videos clips”, dentro de la misma película, tendría la puntuación más alta, pues de alguna forma detienen la locomotora del concepto, y atrasan la idea de avanzar con el argumento de la historia. Pero este detalle se vuelve diminuto si se conserva los atributos primarios y se mantiene constante la idea madre del largometraje.



Un neo-clásico del cine independiente, 'Donnie Darko' es la clave para entender lo desconocido, involucrarte de lleno en una misteriosa filosofía sobre lapsos desorbitados que vienen y van sin rumbo fijo. Recomendable sin duda; largometraje infaltable en la filmoteca de un verdadero amante del séptimo arte […].

Por Sebastián Chávez Peña

martes, enero 09, 2007

'Moby Dick' (1956) de John Huston; La Fabulosa Aventura del Capitán Ahab

La novela que escribió Herman Melville en los años 50’s del siglo antepasado es adaptada por uno de los directores más grandes de todos los tiempos, John Huston, imagen perpetua de Spielberg y demás directores que arriesgan la credibilidad de sus historias con admirables y a la vez comprometidos efectos especiales.

Huston, con la ayuda de Ray Bradbury transforma en guión la ancestral novela de Melville ‘Moby Dick’, profundizando a la perfección el relato de la colosal peripecia que el capitán Ahab tuvo a bordo del buque “Pequod” en busca de la legendaria ballena blanca.

Se supone que el protagonista es Ishmael (Richard Basehart), un pescador viajero que a pié y bajo una tormentosa lluvia llega a un pueblo repleto de marineros. Junto a los demás tripulantes emprenden un viaje bajo el mando del misterioso capitán pata-de-palo- Ahab (Gregory Peck) -que al parecer cumple mejor función de protagonismo que el personaje de Basehart-, quién aparentemente los guiará en la labor de cazar ballenas y recolectar su aceite. Pero el viaje toma otro rumbo cuando en el comandante Ahab despiertan ansiosos ánimos de enfrentarse a la ballena que consumió su alma, se llevó su pierna y cicatrizó su piel. Los demás pescadores acompañan a su capitán en esta gran aventura, todos menos Starbuck (Leo Genn), puesto que sus extremadamente correctas creencias de este marinero se lo impiden.

La cinta fue filmada en la bahía de Las Palmas de Gran Canaria, en las fiestas navideñas de 1955. Para el personaje de Moby Dick se creó una inmensa maqueta que, por entonces, cautivó al mundo cinematográfico con semejantes fragmentos del film que surge en el clímax de la narrativa, donde la acción predomina entre los valientes tripulantes y el inmenso ballenato blanco.

En esta película, según mi opinión, bastante infravalorada por la crítica, es indispensable recalcar ciertas escenas que indisputablemente fueron de lujo y siempre lo serán, dignas de remarcar en un cuadro dorado. Desde un comienzo, tenemos la voz de Ishmael en off, describiendo las convenientes premisas para un mejor entendimiento de este gran cuento, lo que por cierto ya es suficiente como para acomodar el ambiente de una película que procede de una adaptación literaria. Esta voz reaparece a medida que la historia avanza. Se nos da a conocer una sensación de despecho general, que surge dentro del “Pequod” en todos los pescadores, no obstante de modo disímil en algunos de ellos. Incluso la aparición de Orson Welles como predicador de las peligrosas aguas parece ser perfecta.

Contada de manera redonda, construida sin alborotos y con un atento sosiego que se agradece, especialmente en este tipo de cine, hacen que este trabajo valga la pena mirar. Las interpretaciones de Gregory Peck y el resto del elenco logran con creces transportar al espectador desde la butaca (o en mi caso, desde mi propia casa) hasta las tablas que conforman el piso del buque ambulante, donde se viven las aventuras más colosales que el mar haya visto.

Huston rehace lo imposible y escudriña donde nadie lo imagina para obtener los resultados precisos, y con esto me refiero al hecho de retratar un clásico con facilidad, y convertir necesariamente otro más. Esta historia maravillosa, que de seguro te contaron cuando chico, forma parte de la fantasía eterna que el ser humano posee, esa que demanda los episodios más mágicos de tu vida.

Por Sebastián Chávez Peña

lunes, enero 08, 2007

Led Zeppelin – 'Led Zeppelin IV' (1971)



Posterior a la tenue crítica de su disco 'Led Zeppelin III', Jimmy Page se puso las pilas e intentó idear junto a Robert Plant en la voz, John Paul Jones en las cuatro cuerdas y los teclados, y John Bonham en los tambores, un LP con más fortaleza en los riffs y mayor intensidad en las euritmias. El resultado… 'Led Zeppelin IV', un excelente album con majestuosas joyas musicales, la mayoría de ellas auto transformadas en clásicos de indudable valor trascendental.

En el arte gráfico del compilado Page resolvió tantear con una carátula ausente de nombre alguno, ni siquiera de la banda. Todo esto a causa de que los ingleses estaban aburridos de que la gente y los comentaristas los juzgaran por su disco anterior. Es por esto que trabajo discográfico fue llamado de distintas maneras: 'Zoso', 'Runes', 'Four Symbols', 'Sticks', 'Unnamed' o simplemente 'Four'. No obstante, por decisión casi unánime el disco fue denominado 'Led Zeppelin IV'.

La atractiva voz de Plant da inicio al álbum, con esa emblemática frase ya empastada de elogios… "Hey, hey, mama, said the way you move… gonna make you sweat, gonna make you groove"… y ¡Pum! Empieza briosamente la mega tonada hard rockera "Black Dog". Esos extravagantes ritmos en la batería conjugados con las geniales e impredecibles artimañas en las cuerdas emiten un compás único, ideal para mover el cráneo en plan ‘heavy’… y Plant continúa… "Oh yeah, oh yeah, oh, oh, oh"…. […]. Clásico single del conjunto británico.

Después miramos para atrás, cerca de los años 50’s con la descomunal "Rock and Roll". No dejamos de mover la chasca y nuestras manos continúan haciendo el símbolo de los cachos demoníacos. Esto es rock and roll en su más exquisita esencia, con las espléndidas guitarras haciendo de protagonistas en el rimbombante espectáculo acaecido en tus oídos. Compuesto por todos los Zeppelins, es evidentemente otro notable hit.

Una danza extracto medieval fusión Hippie con agregado de mandolín y excelente ambientación de cuerdas acústicas llamada "The Battle of Evermore", es lo que logra crear Page junto a Plant, resultado de tanto ácido en sus cuerpos y tanto amor por esa atmósfera demasiado referente a los mejores años de sus vidas.

Cada vez que las revistas, radios, programas de televisión y otros medios de comunicación deciden armar una lista de las 100 o 50 mejores canciones de las historia del rock, siempre está presente en la mente de cada editor-jurado el gran temón "Stairway to Heaven". No es necesario explicar el porqué, sólo basta que la escuches una sola vez –en realidad son 8 minutos, pero se pasan volando con lo magistral que es- para darte cuenta de su magna calidad formando un todo perfecto, algo así como lo que buscaba Platón, "alcanzar el Nirvana y ser parte de la naturaleza". Divina pieza culpable de cada uno de los demás temas "geniales" de todas las bandas que han surgido desde el exacto momento en que la dupla Page/Plant compuso esta preciada gema hasta el día de hoy […].

Aparte de la renombrada dupla, Jones también pone de su parte en la juguetona "Misty Mountain Hop", alegre obra rítmica que atrae por sus contagiosos riffs y tambores y su salpicada voz más que nada. Su lírica representa una mezcla de psicodelia con un enfrentamiento con la policía en uno de sus conciertos, se supone que estaban extremadamente estimulados por los ácidos, y recuerdan haber mencionado "Dejemos ir los Montañas Místicas… donde vuelan las almas". Gusta de inmediato por tener un formato de rock accesible y liviano, pero con una poderosa batería de Bonham que sucumbió más de alguna vez el 'Madison Square Garden'.

La extravagante "Four Sticks" fue escrita en una fabulosa excursión a la India con la intención de que Bonham de alguna forma explotara cada sonido de la batería, exprimiendo cualquier ritmo que de ella lograse dar a luz. La voz de Plant resuena con sonidos eléctricos y entre todas las cosas se mezclan para dar más que un buen resultado, lo que no para con la suave y refrescante "Going to California", tonada de la misma onda que "The Battle of Evermore" –más que nada por las mandolinas-, pero con un aire más simpaticón y de un agradecido relajo, inclinado por ese Folk hippie que deslumbra nuevamente. Inspirados en la música de Spirit (conjunto norteamericano aparecida en el 67'), la dupla Page/Plant reinventa esta hermosa canción que a su vez inspiró a la banda Pearl Jam, con su tema "Given to Fly", puesto que claramente podemos percibir la exacta similitud en la melodía vocal de dicho corte –en ambos versos de cada canción para ser exacto-.

Y remata con la aplaudida adaptación del cover "When the Levee Breaks", originalmente compuesta por Kansas Joe McCoy y su esposa Memphis Minnie en 1929. Una potente, torrencial y única batería de Bonham rompe el silencio y la pantalla del fugaz fluir que "Going to California" había colgado en el aire, todo se desvanece de golpe, donde una legendaria harmónica segrega vientos 'blueseros' con un símbolos de nostalgia durante casi toda la canción. De pronto, te sientes en la necesidad de querer escuchar a Page con esos efectos tan llamativos, y como no, a Jones, quién además de haber interpretado de las mil maravillas el tema, lo trabajó al pié de la letra para sus posteriores indagaciones como solista.

Que más puedo decir, una invaluable placa ancestral es 'Led Zeppelín IV', la más vendida de toda su discografía y ... lejos... la más querida por todo el mundo, el mundo que amaba a una banda que le puso todo el condimento al Heavy metal y las infinitas ganas al arquetipo del roquero más crudo.

Por Sebastián Chávez Peña

domingo, enero 07, 2007

'Lady in the Water' (2006) de M. Night Shyamalan; Para Ver Esta Película Sólo Tienes que Creer…

Recuerdo haber leído severas críticas en contra de la última entrega de M. Night Shyamalan, ‘Lady in the Water’, tantas que por un momento llegué a creer que todo eso era cierto. En todas las revistas y los diarios decía más o menos lo mismo: "desde ‘Signs’ del 2002 que este realizador ha estado haciendo pura basura". De todas formas yo siempre disentí de las opiniones generales. ‘Signs’ provocó mucho en mí, porque hablar de ovnis –temática popular (¿?) que me fascina- en una mega producción no es tarea fácil, y más todavía si se cuenta con la actuación de estrellas que aparecen en pelis taquilla –o en esta ocasión, las dirigen también- como lo es Mel Gibson. Por otra parte, ‘The Village’ pudo ser mucho mejor de lo que se planteó en un principio, sin embargo, no por eso deja de ser una entretenida historia digna de narrar, que si bien es cierto que su resultado es inferior en comparación a la anterior, se disfruta de igual forma.

La cosa es simple. Esto de que si Shyamalan va de mal en peor o todavía sigue haciendo buenas películas es sólo cuestión de subjetividad. Resulta casi imposible ser objetivo frente a cintas tan controversiales como las que comprenden su filmografía.

De lo que estoy seguro es que nadie puede negar la capacidad de narrar historias casi imposibles de configurar que tiene este director de sangre indo americana. Una mente brillante para idealizar personajes pequeños e incursionar en senderos cargados de pura fantasía sin despegar un pié de la urbanización contemporánea y la cotidianeidad.



En esta ocasión vuelve a hacer lo mismo, pero a mi parecer, con más vivacidad, entusiasmo y color. ‘Lady in the Water’ se trata de una hermosa joven llamada Story, que inesperadamente aparece en la piscina de un condominio, asegurando ser una ninfa o narf proveniente del mundo azul; interpretada por la hija de Ron Howard, la bella Bryce Dallas Howard. El encargado en terreno del departamento, un tipo llamado Cleveland Heep (Paul Giamatti) la descubre, y comienza investigar sobre ella, descifrando los motivos que la traen al “mundo terrestre”. Y es así como descubre que Story sale a la superficie con la misión de lograr una perfecta armonía entre el mundo del hombre y el mundo azul, la cual dejó de existir hace miles de años por culpa del mismo ser humano: “que no sabe escuchar”. Es por esto que el cometido de esta extraña visitante náutica en tierra firme es contactarse con Vick Ran (interpretado por el mismo Shyamalan), para que de alguna forma ilumine su inspiración y finalice el libro que, según Story, cambiará el rumbo de la sociedad y lo guiará a la paz, tanto en los habitantes del mundo de los hombres entre sí, como en la valiosa relación que alguna vez hubo entre ellos y los nativos de las profundidades marinas.

Pero las cosas no son tan fáciles como parecen. Existen también los “Scrunts”, que son unos lobos gigantes con el pelaje de pasto, que perfectamente pueden esconderse en cualquier parte del herbaje. Según la leyenda, estos lobos de aterrador aspecto impedirán a como de lugar que las ninfas cumplan su misión.

A grandes rasgos, todas las interpretaciones escasean de defectos o falencias –quizás un poco el papel de Vick Ran, pero entre tanto punto a analizar pasa un tanto desapercibido-. Por el contrario, Paul Giamatti realiza una fidedigna actuación que aporta al film más de lo que a simple vista parece. Sin Giamatti la cosa hubiese sido muy distinta. La propia historia hubiese tomado un rumbo sumamente inexistente y todas las envolturas que poseen los pies puestos sobre la tierra se hubiesen elevado tanto, al punto de perder verosimilitud en la narrativa.

Pero son los ojos de Bryce Dallas Howard los que se roban la película. Sí, esa mirada… que con sólo unos segundos en cámara revela una tierna incertidumbre bañada en una honesta inocencia, similar a la de una pequeña de 5 años que teme ver más allá.

En todo caso hay que admitir que la cinta no es perfecta. Pues puede ser que de una historia corta, Shyamalan haya expandido innecesariamente el metraje hasta alcanzar lo oficialmente estimado como largometraje, ya que sin ningún problema ‘Lady in the Water’ pudiese haber sido contada en menos tiempo. Pero… vamos, esta es la historia que Shyamalan le contaba a su pequeña antes de dormir, es decir, estamos hablando más de una satisfacción personal que de un “Blockbuster”.

Cabe destacar además la excelente música original que el maestro James Newton Howard contribuye al trabajo fílmico, un exquisito banquete de adecuadas melodías que NO podrían adaptarse mejor a las escenas.

Ahora entiendo porqué la voz popular odia las cintas de este admirable director. La mayoría recalca con fastidio la transformación del cine de Shyamalan, que cada vez se está volviendo más fantástico, a tal punto que llega a parecer absurdo. Lo que pasa es que en este mundo hace falta magia, eso es todo. Pasa lo mismo con las películas animadas, las impresiones al verlas son aceptadas, pero de alguna forma menoscabadas por ser precisamente creación computarizada y obviamente ficticia. Pero detrás de esto hay cierto grado de realidad que se maquilla y no a propósito para difundir un mensaje claro y que casi siempre se pasa por alto. ‘Lady in the Water’ es lo mismo señores, debes creer en lo que don Shyamalan relata, es más que ficción, todo está basado en los macro problemas que invaden esta humanidad; es lo mismo que dice Bono de U2 pero según mi criterio con más pasión. ¿Te habías dado cuenta?

Por Sebastián Chávez Peña

jueves, enero 04, 2007

'Peeping Tom' (1960) de Michael Powell; El Placer de la Escoptofilia



El surgimiento de una nueva década trae un verdadero clásico del cine ‘Snuff’ (género en el cuál se exhiben escenas donde se tortura, viola y asesina con el único objetivo de registrar estos hechos por algún medio audiovisual) que desglosa algunos semblantes del voyeurismo (fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican el hecho de observar ocultamente a personas, desnudándose o que se encuentren en plena actividad sexual) provocando un intangible círculo erótico alrededor del film. Junto a Hitchcock (‘Rear Window’), Michael Powell discierne en la interesante mente psicópata desde perspectivas de bastante enganche, y es por ello que a estos dos grandes del cine siempre se les refiera como lo más destacables visionaros del psicoanálisis humano mediante la cinematografía.

El empalme visual denota un poderío tremendo, con una tenebrista fotografía que alude indiscutiblemente al expresionismo alemán. Desde el comienzo, podemos apreciar como toda una onda tétrica con muy leves detalles de índole sensual brotan en la penumbra sensorial que la cámara ofrece, tanto en primera persona, como en plano general.

Esta cinta se centra más en la narrativa –basada en la historia original del escritor Leo Marks, que además se encarga del guión- que en los personajes. Mark Lewis (Karlheinz Böhm) no es precisamente un ente convencional dentro de los rostros neurasténicos que buscan placer con la muerte de los demás, más bien es un sujeto raro –como cualquier demente de este tipo- apartado de lo imaginable, que se arma de una “cámara asesina”, la cual posee en uno de los pies del pedestal de la misma un arma blanca bien afilada. Con esto pretende satisfacer su desarrollada escoptofilia adquirida desde pequeño, filmando los detalles de la muerte de sus víctimas, en este caso sólo mujeres. La idea es grabar el rostro de sus mártires en la cinta fílmica y crear una especie de documental, con un propósito “supuestamente” fundamentado… la búsqueda del miedo, o algo así. Pero antes de ser un maniático impulsado por un morbo Psicológico… es un hombre, ¿Y cuál es la debilidad de un hombre? Mmm… exacto, la mujer. Helen Stephens (Anna Massey) se vuelve un obstáculo para Mark en la finalización su siniestro propósito, pero la dulce fragancia del amor impide que se de cuenta, ni siquiera en su continuo intercambio bipolar de personalidad.

Podemos notar la enfermedad de Mark con mayor albor en una escena con la madre de Helen, la señora Stephens (Maxine Audley). En dicho acto, la doña, por ser ciega, presiente un aura misteriosa en Mark, y es así como decide averiguar quién en verdad es este tipo, debía hacerlo, pues su hija estaba saliendo con él. Se mete a escondidas en la casa del protagonista y éste lo descubre. Mark siente que la señora Stephens ha descubierto su preciado secreto, aquel que lo separa de la realidad en la que vive. Por ello decide completar el documental asesinando de la misma forma a la madre de Helen, pero al ver que su rostro no daba señas de ninguna expresión dramática (por ser ciega y no ver la afilada lanza sobre su cuello), se detiene pasmado, suelta la cámara y huye, reparando en que al cometer el crimen no habría placer de por medio. Esta secuencia refleja de mejor manera la explicación del porqué Mark no es un asesino, si no sólo un enfermo más.

Con todo esto se podría visualizar una serie de turbadoras escenas en la mente, pero es mi deber anunciar que no es tan así la cosa. Está claro que Mark hace de las suyas en varias ocasiones provocando vivacidad a la película, sin embargo es en el final, donde a diferencia de los sustos cuasi invariables de Hitchcock, Powell dispone de todas las sorpresas en un punto conclusivo, cerca del desenlace de la cinta.

Las actuaciones, especialmente la de los personajes principales desprestigian quizás un tanto el resultado final de este gran trabajo, pues hay veces que no se cree mucho lo que está pasando, y eso puede que explique la nota 8/10 que le he puesto.

Lo mejor de esta película, es que quizás desde aquí o un poco antes, comenzaron las tendencias populares de crear personajes con serios problemas mentales como peligro social, sin nombrar a Powell como el mayor expositor. No obstante, ‘Peeping Tom’ puede alardear de aquello, pero yo lo veo más como un film de culto para comprender las raíces del miedo, o como dice la frase de la misma: Do you know what the most FRIGHTENING thing in the world is ...?

Por Sebastián Chávez Peña

Beatles - 'Help!' (1965)



Gran álbum del cuarteto ingles vestido con destacadas canciones, decisivas para el curso de su trayectoria. Los tiempos estaban cambiando poco a poco, y a los Beatles ya se les notaba esa intención por querer dejar las giras para probar e improvisar nuevas formas de trabajo en el estudio de grabación.

Comienza con el tema/concepto principal del disco… “Help!” Un clásico del Pop-Rockanroll de todos los tiempos que ha trascendido durante décadas. En esta canción Lennon comienza a expresar sus emociones y descubrir sus sentimientos personales más que en anteriores LPs. Tema de culto, no cabe duda.

La sigue “The Night Before”, canción llena de alegría acoplada a un ritmo contagioso y melodías pegajosas. Una gran composición de McCartney, que no sería lo mismo sin esos magníficos complementos vocales Harrison/Lennon y las acertadas percusiones de Ringo Starr, que en esta ocación demuestra mejor sus dotes en los tambores.

“You've Got To Hide Your Love Away” es el track donde Lennon derrama toda esa influencia que Bob Dylan ha marcado en él. Tanto musicalmente como en las letras se puede advertir semejante estilo. El músico Johnie Scott interviene en la utilización de flautas tenor y alto, variando de muy buena forma la calidad lineal de la banda. Genial composición que además Noel Gallagher (Oasis) y Eddie Veder (Pearl Jam) se complacen en interpretar sus conciertos.

La pista Nº 4 corresponde a “I Need You”. Junto a “You Like Me Too Much” serían las consiguientes obras de Harrison plasmadas en un LP después de la aparición de “Don't Bother Me”, en el disco 'With The Beatles'. Teniendo el material listo, y con leves -pero crecientes- deseos de experimentar en sus composiciones, por decisión unánime al día siguiente se le agrega una particular secuencia de pedal Wah-Wah como acompañamiento a la canción, que para muchos desentona y para otros es lo mejor del tema.

“Another Girl” es una clara muestra de lo genio que es McCartney a la hora de forjar canciones de peso, ya que además de haber compuesto y grabado el bajo, se hace cargo de la primera guitarra, marcando unos riffs con 'Slide' bastante asertivos, impidiendo el desprestigio de los siempre entretenidos arreglos que de por sí demuestra en el instrumento de cuatro cuerdas. Brillante composición que asimismo se destaca por su gracioso video musical en la playa.

Cada canción de este disco contiene una característica diferente que se impregna en nuestros oídos, en nuestra mente, llenándonos de nostalgia y bellos recuerdos de la infancia, y “You're going to Lose That Girl” no es la excepción. Lennon nos sorprende nuevamente con una genial estructura sónica, característica rítmica del mismo LP en sí. En este tema se destaca constantemente la deslumbrante interpretación de Ringo Starr en las percusiones.

“Ticket To Ride” es lo mejor del disco. De hecho, es una de las más memorables composiciones que Lennon ha creado durante su carrera como Beatles. Excepcional tonada que se integra a la continua guitarra que paul nuevamente nos regala de la mano de los otros arreglos de cuerdas que Harrison también aporta. Pero lo que más se agradece es la sobresaliente acotación instrumental de Starkey con sus baquetas, sin ella no sería lo mismo, definitivamente. Otro tema de culto.

Ringo nos enseña que aunque su voz no sea tan perfecta como la de los demás integrantes, igualmente puede ser la cara principal y protagonista de algún sencillo, creando la versión Beatlesca del tema en clave country erteneciente a Morrison y Rusell, “Act Naturally”. Si bien, no es de las mejores del disco, se destaca por los fantásticos acomodos vocales por parte de Paul.



Otra bella canción de amor es “It's Only Love” de Lennon, que a pesar de ser odiada por su compositor, es una maravillosa balada que habla de lo mismo de siempre, pero con melodías cada vez más inteligentes y memorables, que jamás se olvidan.

“You Like Me Too Much” es otra de Harrison, y con esta van tres. Con la ayuda de George Martin en el “Steinway” Piano, Harrison lo logra de nuevo con un reluciente 'temón'. John además de estar con su guitarra se mete con el piano eléctrico, dando origen a un corte bastante bueno.

Es el turno de McCartney de nuevo, pero esta vez no impacta como en veces anteriores. “Tell Me What You See” es una canción pasiva y agradable, pero se desvanece en minutos. No deja de ser más que un tema de relleno para la placa.

No obstante, con “I've Just Seen a Face” McCartney se reivindica como excelente músico que es, con una melodía cuasi “campesina”, Paul nos estruja este “pedazo” de canción en la cara y no nos deja otra opción su corto pero contundente logro. No es un tema de culto, pues no es tan famoso como “Yesterday”, “Help!” o “Ticket to Ride” por ejemplo, no obstante, para los que se manejan en el tema Beatlesco, saben a lo que me refiero cuando digo que es un temazo, sí señor.

Sin embargo, Paul continúa creando piezas de innegable culto, tal es el caso una de las tonadas más hermosas de toda la historia musical… “Yesterday”. El primer nombre denominado para este tema fue "Scrambled Eggs” ("Huevos Revueltos"). Es que a Paul le llegó esta bellísima melodía en un sueño… y para no perderla escribió lo primero que se le vino a la mente, algo así como un borrador… “Oh you've got such lovely leggs" (huevos revueltos, tienes unas piernas adorables). Por suerte, Paul después modificó completamente la letra y quedó como está ahora… simplemente una obra maestra. Pieza de culto también.

Y para finiquitar las impresiones sobre estos excepcionales músicos, los fab fours se dan un lujo con la divertida y rockanrollera “Dizzy Miss Lizzy”, interpretada de las mil maravillas por John Lennon. Segundo cover -perteneciente originalmente a Williams-, incluído en el resultado total de uno de los discos más destacables de la famosa etapa del cuarteto, que los saturó en giras, entre medio de gritos y llantos de chicas desesperadas por obtener un pedazo de cada uno de ellos.



El disco Help! sirve también como banda sonora de la película titulada con el mismo nombre en 1965. Film de acción y aventuras cuya trama se detona cuando Ringo recibe el anillo de sacrificio de una cultura oriental, conocida como Kahili, y no se lo puede sacar. Kahili se prepara para recuperar la joya, seguido de dos profesores: Foot y Algernon -un par de científicos faltos de tornillos- también van en busca de ella. Los chascones de Liverpool son perseguidos por todo el mundo mientras Kahili y los pedagogos chiflados no consiguen dar con Ringo y el famoso anillo.

Recomendable disco, realmente significativo para el porvenir que deparaba a, probablemente, la mejor banda de todos los tiempos... los inmensos The Beatles.

Por Sebastián Chávez Peña

(Al final -en la parte de abajo- del enlace para descargar este disco aparecerá el conteo, sólo deben esperar unos pocos segundos y escribir el código que aparezca... ¡Y eso es todo! Saludos.)

miércoles, enero 03, 2007

'Rear Window' (1954) de Alfred Hitchcock; Un Detective Casual



Está demás anunciar que el maestro Alfred Hitchcock es considerado uno de los mejores directores de la historia del cine, e indiscutiblemente, el padre del género “suspense”. Para entenderse de manera más profunda dentro del mundo del séptimo arte, es fundamental pasearse por algunas de las mejores cintas que éste realizador inglés ha plasmado en la historia del cine. Una de ellas es la cautivadora Rear Window. En esta ocasión demuestra con ganas su innegable capacidad de desplegarse en territorios psico claustrofóbicos, razonando sobre la capacidad humana desde un peculiar punto de vista.

John Michael Hayes crea una adaptación de un cuento corto de Cornell Woolrich, que Hitchcock se preocupa de ejecutar con una académica estrictez, repleta de grados reveladores, en un estilo tan propio de éste legendario cineasta.

El aclamado actor James Stewart interpreta en esta ocasión a Jefferies, un fotógrafo que permanece sobre una silla de ruedas en su departamento debido a un accidente que tuvo en el trabajo, hace algunas semanas atrás. Sin mucho que hacer, pasa el tiempo mirando las demás residencias desde su apartamento, contemplando las vivencias de sus vecinos en detalle con la ayuda de sus prismáticos. En uno de esos vistazos descubre algo raro en una de las moradas. Uno de los vecinos, Lars Thorwald (Raymond Burr), comienza a actuar de manera extraña y muy sospechosa, al mismo tiempo de la repentina desaparición de su mujer. Es por esto que Jefferies, con la ayuda de su novia Lisa (Grace Kelly) y su empleada Stella (Thelma Ritter), decide descifrar tal misterio utilizando una matemática intuición, para luego tratar de convencer al incrédulo detective Doyle (Wendell Corey) -su amigo personal por lo demás- de que ha ocurrido un homicidio.

Con un impecable desarrollo de los eventos, y una perfecta atmósfera de calculado suspense, el incomparable Hitchcock consigue crear una pulcra cinta repleta de buenas ideas y bien conjeturados y a su vez cabales diálogos, con grandes personajes de verosímil carácter, lo cual juega bastante a favor en su efecto.

James Stewart se ha desempeñado en las mejores películas de la historia, fue realmente una de las joyas cinematográficas más preciadas del mundo Hollywoodense, y en ‘Rear Window’ demuestra lo que desde los años 30’s lo mantuvo ocupado, realizando uno de los mejores papeles de su carrera, aun estando sentado durante toda la cinta en una silla de rueda; aquello no fue excusa para dejar de exponer su acabada capacidad en la actuación.

El papel de Lisa, que la hermosa Grace Nelly da vida y forma con pasión, excava en campos amorosos al manifestar su amor en medio de las ocurrencias relacionadas a la historia principal, lo que al mismo tiempo aporta un exquisito dinamismo argumental a este glorificado film.

Una película esencial, digna de cualquier elogio ferozmente exagerado. Al ver este omnipotente trabajo, mis ojos se han llevado el mejor regalo de fin de año que cualquier ojo humano haya recibido durante el regular 2006 –para muchos, me incluyo-, pues me he dado el lujo de ver esta cinta una tarde del 31 de diciembre del año pasado, ¡Y qué manera de despedir el año, ¿no creen?!

Por Sebastián Chávez Peña

viernes, diciembre 29, 2006

The Doors - 'The Doors' (1967)



Una propuesta basada en la poesía teatral de antaño, empolvada de harto rock, buen blues e innegables extractos de jazz, con el propósito de crear un éxtasis “chamánico” y así transformar al rock en una nueva especie de religión, era lo que ofrecían Jim Morrison y Ray Manzarek, tenían esa imagen, ese concepto en mente, y lo querían plasmar de verdad, anhelaban llevar a cabo ese codiciado ideal.

Un libro de Aldous Huxley llamado "The Doors of perception" indujo a Jim Morrison hacia los enigmáticos caminos que conllevan el cuestionamiento del psicoanálisis y el existencialismo filosófico. Toda esa onda meditabunda llena de psicodélicos teclados por parte de Manzarek y esos particulares registros vocales de Morrison sólo podían tener un nombre… The Doors (Las Puertas)… que aludía además a un célebre pasaje del poeta William Blake… “Si se abrieran las puertas de la percepción, todo aparecería ante el hombre tal cual es: infinito”. Y gracias a Ray Manzarek, Robby Krieger (Guitarra) y John Densmore (Batería), Jim logró dar en el clavo y convertir a los Doors en, más que una banda, una concepción vital para la historia del rock.

Este álbum debut fue de lo mejor del 67’. Un estampido de eufonías refrescantes que de igual manera recordaban al viejo blues de los 50’s. El homónimo constaba de once cometas en una ínter espacial galaxia sesentera, de los cuales “Break on Through (To the Other Side)" es la que se encarga de disparar la bala hacia el aire y dar comienzo a esta notable experiencia en la historia del rock. Salvaje y al mismo tiempo sensual, John Densmore pone bosanova en los tambores y Jim Morrison mezcla esas cosas que sabe llaman la atención para emitir sus elocuentes frases. Este tema es un clásico del rock que nunca deja de sorprendernos cada vez que lo escuchamos. Sin duda una muy buena táctica para partir.

El buen ritmo se adueña de tu cuerpo con "Soul Kitchen" y ya no puedes hacer otra cosa que rendirte ante el magnetismo vocal de Morrison y las terriblemente atrayentes notas que Manzarek practica en su teclado lleno de añejas fragancias, lo que de por sí ya es bueno. No obstante, muy luego nos ponemos un poco más serios para oír esta dulce balada espacial llamada "The Crystal Ship", tema que a más de algún melómano debe volar su cabeza, y como no… si es tremendo por donde y como se le escuche. Excelente composición, quizás yo me quejaría de lo corta que es –es decir muchos de estos temas son cortos, de 2:30 min. Aprox. Pero como que en esta canción duele más que dure menos-, sin embargo a veces hay que conformarse con lo que nos dan simplemente –con la vieja frase: “Ellos saben lo que hacen”-, y más adelante nos dan de sobra […].

Los más que acertados riffs de Robby Krieger dan inicio a "Twentieth Century Fox", notable composición con palmaditas en el coro y buen compás que destaca su pegajosísima melodía vocal. Y después le toca el turno a "Alabama Song (Whiskey Bar)", canción original de Kurt Weill y Bertolt Brecht, que domina una fusión de ópera, jazz y música de cabaret, digna de oírse una y otra vez por su pegadiza estructura sonora.

El 29 de julio de 1967, según la “Billboard” en su sección de “Hot 100 number one single”, el single "Light My Fire" resulta elegido como el mejor del año. Es la reliquia del disco, la mejor canción jamás compuesta por los Doors, extraordinaria ilusión sónica con pilares de alucinógena audición, una laguna de incitantes pasajes llenos de rock y magistrales teclados. Aquí Manzarek es la estrella, se luce descifrando un soberbio e intenso solo en las teclas eléctricas que mágicamente te eleva por los aires. Y cuando esta gran fiesta hecha canción acaba, comienza "Back Door Man", tema perteneciente a Willie Dixon que los Doors interpretan con gran calidad y presición. A morrison le encantaba que su banda tocara esta canción en vivo, la gozaba de lo lindo, como un bebé con su chupete. Si pueden escuchen el ‘Absolutely Live” de 1970 y entenderán lo que digo.



"I Looked at You" no tiene grandes cualidades como las demás entregas, pero de que se disfruta como loco no cabe duda. Un muy buen trabajo en los teclados –como siempre- y una fuerza vocal increíble de Morrison que se disfruta a montones. La sigue "End of the Night", ácida balada que relaja los músculos de tu mente y la colma de espesos mini-punteos, adornando de muy buena forma una invaluable tonada.

La tentadora "Take it as it Comes" aparece fugaz como un coqueteo cualquiera, con bailables ritmos bien vetustos, no obstante hace que sea imposible la acción de mantener quieto cualquiera de tus dos pies. Gran hechura musical que precede a "The End"… la épica colisión mega orbital, con una incendiaria letra de contenido altamente ácido para oídos sensibles, Morrison se explaya unos 11 minutos y algo recitando poesía surrealista y dando forma a una atmósfera hipnotizadora de innegable calidad en los acordes y baquetas. Gran gran gran tema que Francis Ford Coppola retoma en 1979 para su film bélico 'Apocalypse Now'.

En resumidas cuentas, está más que claro que este disco es esencial para una íntegra repasada a la raíz del rock. Recordemos que los Doors salieron sonando a nadie, con notorias influencias claro está, pero enunciando un sonido único, etiquetado por ellos mismos, algo que ya no vemos desde hace mucho tiempo. Excelente álbum que sería fatal si faltase en tu repisa dorada, donde guardas tus placas más preciadas.

Por Sebastián Chávez Peña

(Al final -en la parte de abajo- del enlace para descargar este disco aparecerá el conteo, sólo deben esperar unos pocos segundos y escribir el código que aparezca... ¡Y eso es todo! Saludos.)

martes, diciembre 26, 2006

Velvet Underground – 'Velvet Underground & Nico' (1967)



Ópera prima de esta banda New Yorkina que deslumbró a toda una década con experimentales rugidos sónicos. Producido por el artista plástico Andy Warhol (quién además participa como Manager de la banda), este álbum simbolizó todo un concepto pop de oscuras tentativas relacionadas al sexo y las drogas –mas que nada la heroína- especialmente.

Todo comienza cuando Lou Reed –quien tocaba la guitarra y el piano- y John Cale –que se especializaba en el bajo y la viola eléctrica- se conocen en un sello discográfico encargado de formar “bandas de laboratorio”. Allí deciden crear un fallido grupo llamado The Falling Spikes junto a Sterling Morrison –guitarrista-. Un día, a éste último le dio por comprar un ignoto libro onda sado-masoquista titulado 'The Velvet Underground' (escrito por Michael Leigh), y no fue hasta ese instante que decidieron cambiarle el nombre al conjunto, integrando además a la inexperta pero convincente baterista Maureen "Moe" Tucker. Querían grabar un disco de calidad, y ya habían compuesto algunos temas como "Venus in furs", "Heroin", "Wrap your troubles in dreams" y "The black angel's death song". El problema era que no tenían los materiales adecuados para tallar un buen disco, y les hacía falta algo de dinero. Por suerte, en uno de los limitados conciertos que habían otorgado, el famoso artífice pop Andy Warhol se identificó inmediatamente con su impopular estilo musical, tanto así que los contrató para que formaran parte de un gran espectáculo que Warhol tenía en mente. El artista de Art Pop le dijo a Reed y compañía que él se encargaría de que no les faltase nada con la condición de que integraran en la banda a la modelo alemana Christa Päffgen, más conocida como Nico. A la Velvet no le agradó mucho el cuento, sin embargo cuando vieron el billete aceptaron… no muy contentos… pero no les quedaba otra. Es que esta modelo no combinaba para nada con el histriónico estilo que la Velvet imponía con actitud dominante. No obstante, los genios de Reed y Cale lograron adaptar de muy buena forma algunos temas, como por ejemplo "Femme Fatale", un hermosa tonada de admirable resultado. Por otra parte, Warhol, además, se encargó de elaborar la famosa carátula del álbum, con la célebre banana incorporada.

El disco tiene como abertura una increíble canción jamás inventada, ni imaginada, ni siquiera supuesta… "Sunday Morning". Aquí Reed y Cale exprimen lo más dulce de sus mentes y dan forma a una bella melodía bañada en hermosos arreglos con el xilófono. Una joya de tema.

Las drogas son la constante principal de este álbum, tanto en la lírica como en el extraño resultado de ciertos tanteos sonoros. "I'm Waiting for the Man" es uno de dichos casos; se destaca por su directa letra netamente relacionada con el micro-traspaso de heroína, que asimismo ofrece un contagioso compás rockandrollero e influencias vocales de Dylan.



Como había mencionado anteriormente, "Femme Fatale" es una canción muy bien lograda, que denota una profunda sensibilidad por parte de Nico. Los graves de su sensual voz –para algunos- retumban en los parlantes junto a esa armonía en los tonos de su frecuencia que a más de alguna banda contemporánea, levemente, le da por resucitar.

La mística "Venus In Furs" nos invade con una hipnotizante propuesta cadenciosa, imposible es renunciar a terminar de oírla. Es así como nos quedamos atrapados en una anómala atmósfera, y nos preparamos a sacudirnos de cualquier manera con "Run Run Run", enérgica composición de alocadas guitarras y dementes acoples melodiosos.

Nico vuelve a tomar el micrófono para interpretar la fascinante "All Tomorrow's Parties", con un estilo parecido al de "Venus In Furs", pero con más magnetismo y subjetivo calado métrico.

"Heroin" es la gema dorada del álbum. Con un perfecto encajamiento en su expresiva lírica, Lou Reed desata una jugosa ensalada de afectivas palabras para su droga favorita, derramando toda esa pasión por la renombrada heroína. John Cale matiza de manera histérica con la viola eléctrica, concediéndole al resultado más excentricidad de la ya ostentada.

Reed y compañía se vuelven a calmar, invocando el aterciopelado ambiente que dejó "Sunday Morning", y abriendo paso a la pasiva "There She Goes Again" y "I'll Be Your Mirror", bonitos ritmos que recuerdan a momentos dónde la lunática agresividad de Cale descansa… y son Reed y Nico quienes respectivamente se encargan de hacernos levitar sobre el piso con fáciles y accesibles consonancias, incluso hasta bailables, si se desea.

Pero el convulsivo demonio de Cale despierta y vuelve a hacer de las suyas con "The Black Angel's Death Song" y "European Son", material cimentado de perturbadas notas escogidas al azar, rellenas de tópicos referentes al sexo y el exceso de fármacos intoxicantes. A ratos tediosas, obligando al auditor adaptar una ardua paciencia para aguantar algunos acoples que retumban realmente horribles. Sin embargo, estas canciones son admirables, ya que forman parte del artífice módulo que formula nuevos intentos para orientar el estilo rock con nuevos y atrevidos vientos de cambio.

Acertado disco debut que en su época no tuvo mucho esplendor, pero que más adelante se transformaría en placa de culto para los melómanos más experimentados.

Por Sebastián Chávez Peña

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lunes, diciembre 25, 2006

Oldboy (2003) de Park Chan-wook; Los Orientales Siempre Van a Ser los Más Originales, Siempre



Vuelvo a ver la película de Chan-wook Park y me doy cuenta de que me gustó mucho más cuando la vi por primera vez. Quizás sea por la perspectiva, distinta de lo habitual. Me explico, un amigo me comenta la trama minutos antes de decidir “conseguirla”; muy simple… Un tipo cualquiera, un don nadie, es raptado sin razón alguna, manteniéndolo en un cuarto durante 15 años. Le inyectan drogas y le dan de comer, lo visten, todo, hacen que subsista en un cuarto encerrado sin poder ver la luz del sol. Un día, a través de métodos hipnóticos, lo dejan libre en la parte más alta de un edificio, le dan dinero y un teléfono celular, y desde aquel momento debe cobrar venganza en tan sólo cinco días […]. Al oír esto uno dice… ¡Vaya! Genial, innovadora trama, etc. Y se larga a mirar la cinta con una disposición de estar frente a algo no muy común.

Pero lo mejor de todo es ir descubriendo la forma en que se narra la historia. Deriva una perspicaz manera de apreciar los detalles, que poco a poco se complementan con el espacioso testimonio. El guión de Hwang Jo-yung, Joon-hyung Lim y el propio Park Chan-wook –que a la vez se inspira en un cuento original de Garon Tsuchiya y Nobuaki Minegishi-, es realmente sorprendente, fascinante. No puede haber mejor muestra de que con un guión así de complementado se puede crear, en diferentes condiciones, un Buen film con B mayúscula.

El director Park Chan-wook ('Three... Extremes', 'Chinjeolhan geumjassi' ['Sympathy for Lady Vengeance']) consigue proyectar, con secuencias muy logradas e ingeniosas, una serie de efectos inmediatos, extrayendo la esencia del peculiar argumento y dando vida a una sólida base que colapsa en la atención del público. No obstante, su trabajo hubiese sido perfecto si no es porque en algunas ocasiones se nos entremezcla mucho la trama y la fotografía no ayuda lo suficiente como para que la cinta fluya con un tono más ligero, y de esta forma se nos despeje un poco más el camino. Pero es sólo un detalle que no desprestigia descabelladamente el producto final, y puede darse por alto si es que no se determina de mayor valor, ya que a pesar de todo, resulta mucho más placentera la idea de aclarar las incógnitas mediante la fotografía y oscurecerlas a través de las actuaciones, diálogos, escenografía, etc. De todas formas es sólo una opinión personal y no una regla constitucional […].

Min-sik Choi (Oh Dae-su) ejecuta con aires magnificentes una definición artística bastante significativa, que se armoniza a la perfección con el ritmo de la película; melodramática y a ratos desafiante, cada vez que corresponde no falla, es indudable que aquella interpretación resulta adecuada en todo sentido de la palabra. Por otra parte, la ternura e inocencia de Hye-jeong Kang (Mido) se torna indispensable para el desarrollo de los eventos, que influye en los pulsos emocionales que adopta la historia en los momentos de más auge dentro del largometraje. Y sólo para presumir más… una mente perversa, fría; Ji-tae Yu (Woo Ji-tae) encarna la maldad llena de rencor y decidida a acabar sus planes cueste lo que cueste. Grandes personajes, muy bien expuestos y adaptados.



La música a veces se cuelga innecesariamente con melodías fuera de tono, otras se queda perfecta, incrustándose en los cuadros de mayor intriga y formando un sólo armamento audiovisual que se plasma directo en los sentidos. El trabajo musical se eleva hasta el cielo en la cumbre más gloriosa (especialmente en las partes donde el drama se apodera de los personajes), pero casi previsiblemente recae en sus vuelos y denigra la gravedad de ciertas tomas (sí, ahora me refiero a las escenas de acción).

Una gran producción, digna de elogios y aplausos, que, por muy fascinados que nos deje, es nuestro deber dar cuenta de que en el fondo no es como para volvernos locos ni subir a las estrellas, sin embargo, deja bastante claro que la originalidad es un punto fuerte en la cinematografía oriental, y que si estas ideas se pulen un tanto más, y a su vez se multiplican, estaríamos rodeados de maravillas fílmicas en todo el mundo, y no solamente en tierras asiáticas. En definitiva, una película que nadie puede perderse.

Por Sebastián Chávez Peña

domingo, diciembre 24, 2006

'Mr. Smith Goes to Washington' (1939) de Frank Capra; Una Sabia Voz Joven en El Campo de Batalla



Eran las siete de la mañana y mis ojos se negaban a pestañear profundamente, había algo que me inquietaba, algo que no me dejaba dormir. De golpe reparo en que definitivamente esa noche no podría conciliar el sueño por más que lo intentase. Me revuelco de un lado hacia otro escuchando el soundtrack de 'Trainspotting' hasta que, después de tanto desvelo, me animo encender el televisor. La pantalla se ilumina y lo primero que aparece es una vieja película en blanco y negro que justo esta comenzando. Pesco el control remoto y presiono el botón de información para hacerme una idea de que se trataba todo. PELÍCULA: ‘El Caballero sin espada’ ('Mr. Smith Goes to Washington'), AÑO: 1939, DIRECTOR: Frank Capra, PUNTUACIÓN: 4/5 estrellas. Lo primero que me llamó la atención fue la nota, generalmente en todas las películas aparecen dos estrellas como puntuación, y uno que otro film con 3,5/5 a todo reventar. Pero cuatro estrellas era mucho, y eso era sólo un indicio de lo que estaba por venir.

Comencé a ver esta cinta con un leve entusiasmo, es decir, no me imaginaba nada antes de todo, no quise enjuiciarla por la extremadamente pequeña sinopsis que aparecía en el botón del cable: 'Un joven senador es humillado por llevar sus ideales al senado'; sólo me dejé llevar por los diálogos de apertura y el ritmo de la película tan honesto y a la vez prefabricado con total precaución, que en tan sólo unos minutos ya estaba pegado a mi pequeño gran reflector electrónico personal, mi tele.

Jefferson Smith (James Stewart) es un joven senador que, con sólidas motivaciones de hacer el bien a la comunidad, decide introducirse en el terreno político de Washington, gracias a la ayuda del otrora senador Mr. Paine (Claude Rains). Smith admiraba en demasía a Paine por su supuesto compromiso con el pueblo, y gracias a esto decide hacer algo por la gente, algo con el corazón, con la mejor y más pura intención, como pensó que era de verdad el asunto, una tarea limpia y solidaria.

Inevitablemente, todo conlleva a que Smith se meta en una cantidad de líos, rodeado de entes estatales completamente desconsiderados, la mayoría de ellos asegurando su propio pellejo, dejando de lado las necesidades del pueblo, guiados por el sendero del dinero y manejados como títeres por el macro-empresario-senador-corrupto, el señor Jim Taylor (Edward Arnold).

Pero nuestro protagonista no está solo. Clarissa Saunders (Jean Arthur), más que en una secretaria dispuesta a ayudar en lo que sea a su senador favorito, se convierte en la incondicional pareja de este perfecto idealista, y con su absoluto respaldo y sabia experiencia en los asuntos de política, entrena y aconseja de manera eficaz a Smith.

Con sólidas interpretaciones y concretos diálogos se estructura la frecuencia de este film -merecedor de 11 nominaciones, incluyendo oscar a la mejor historia original-, que conduce de manera inteligente y precisa hacia donde tiene que ir. Perfecta en su composición, el guionista Sidney Buchman redacta de manera espléndida la historia original del escritor Lewis R. Foster, constituyendo una pieza maestra, que incluso si su elenco fuese de actores de menor peso, la sensación de genialidad narrativa sería la misma.

Sin embargo, es en la calidad interpretativa donde se concentra la pericia de esta estupenda pieza cinematográfica. James Stewart –quién cumple 10 años de muerto el próximo 2007-se luce en uno de los papeles de su vida, dilucidando de manera brillante la personalidad de un activo quijote modernista. Por lo demás, las actuaciones de Claude Rains y Jean Arthur brillan tanto en sus emotivas expresiones, completamente introducidos hasta el fondo en sus personajes que, a su vez, funcionan como semejantes pilares de gran fundamento para la cinta.



No cabe duda de que el ojo fílmico de Frank Capra definitivamente es de lujo. Sus detalladas tomas, exactas en su contextura, otorgaban cierto estilo a las diferentes escenas, cada una de ellas captadas en su mejor amplitud, resaltando el drama en su punto, la raíces de un perfecto romance mezclado además, con un humor bien pulcro, tan propio de los años 30’s. Imposible es no percatarse de la gravedad que obtenían los sucesivos actos de esta fenomenal cinta cuando Capra ponía su vista en el lente, concediendo evidente vitalidad a los personajes con sólo unas pocas cámaras y dos colores básicos de entrada.

Ya me habían dicho que el cine de antaño era mejor, pero yo porfiado, ignorando aquellos comentarios y dejándome llevar por el enorme avance de los futuristas efectos especiales de hoy en día, me pierdo películas tan esenciales de los años dorados como ‘Mr. Smith Goes to Washington’, las cuales indiscutible poseen esa cualidad que rara vez vemos hoy en día en cartelera… mensajes directos, una clara misión humanitaria por difundir, y por sobre todo, mucha pasión, demasiada.

PD: A los que le interese, el 3 de enero a las 2:30 AM la van a pasar por el canal TCM.

Por Sebastián Chávez Peña

miércoles, diciembre 20, 2006

Garden State (2004) de Zach Braff; Una Perfecta Vuelta a Casa



Muy pocas películas me han realmente tocado alguna vez. Garden State es una de ellas. Pero esta vez fue distinto, me sentí más comprometido con esta cinta, me ha cambiado la vida, ha hecho que algunas confusiones se aclararán en mi mente y me recordaron emociones que pensaba habían muerto.


Cada escena me identifica plenamente, sin duda soy alguien como Largeman, un temple distintivo en un revoltijo de estereotipos. No tiene nada que ver con ser mejor o peor que los demás, más bien me refiero a una hermosa forma de ver que las aventuras y desdichas de la vida tienen una perspectiva distinta a la pesimista idea que nos hacemos comúnmente.

La historia es divina, una belleza tan corriente como rara, perfecta –pero no predecible, o sea sí, pero de una manera tan tierna que no te das ni cuenta–, resplandeciente, magia en su estado puro o el inmenso poder de lo simple, como quieras llamarla. Andrew Largeman (Zach Braff), es un extraño tipo que vive en Los Ángeles, donde mantiene un insólito trabajo de mesero con aspecto de geisha, lo más raro es que, además, es un actor que hace papeles secundarios de extra en Hollywood. Inesperadamente su padre (Ian Holm) le informa que su madre ha muerto ahogada en el baño de su casa. Por esto, decide viajar a la ciudad jardín (Garden State [Nueva Jersey]), para asistir a su funeral, dónde se encuentra con Mark (Peter Sarsgaard), un viejo amigo de la secundaria. Largeman se siente un tanto extraño, pues ha dejado de tomar los antibióticos que su padre (que es psicólogo) le ha recomendado desde los 16 años, y que no ha cesado de consumir hasta ahora. De todos modos esa sensación le provoca más entusiasmo y deseos de avivar su diaria rutina. Es allí cuando conoce a Sam (Natalie Portman), una hermosa chica, bastante peculiar y muy distinta a él, pero que dulcemente se introduce en su vida y hace que Andrew descubra cuán unidos están por el mismo miserable destino que no los ha tratado muy bien durante su pasado. Es decir Largeman se enamora, pierde a su madre, vuelve a hablar con su padre después de un buen puñado de años, asimismo rompe las reglas medicinales y además descubre cuanto extrañaba a sus amigos… todo en un solo fin de semana.

Es un paquete de divertidos hechos que se mezclan entre afecto y melancolía, dando forma a un interesante film que rescata la esencia de algunos pocos. Si alguien la ha visto y se identifica con ella pues déjenme decirle que no está solo en este controversial mundo de película.

Escrita y dirigida por el propio Braff, la cinta ha sido aclamada por su refrescante puesta en escena y criticada por su exceso de azúcar, demasiado dulces dicen algunos, yo no. "Quería crear una historia de amor inteligente para gente joven y también quería hacer una película sobre lo que se siente al volver a casa".

Natalie Portman realiza una interpretación excepcional, enamora, es esa mujer hermosamente única que Braff tiene en mente y que seguro jamás encontrará en la vida real […]. “Es una comedia, pero también tiene alma. Muchas comedias de hoy en día son increíblemente cínicas. Pero no es el caso de esta película. No es convencional, es distinta a todo lo que había visto hasta ahora. Eso es lo que la hace tan emocionante", comenta Portman.

En el fondo, la peli trata sobre ese extrañísimo periodo que discurre entre la adolescencia y la edad adulta. Tal y como explica Braff: "Recuerdo cuando me marché a la universidad. Me moría de ganas de salir de Nueva Jersey. Pero al llegar, aunque echaba mucho de menos mi casa, también sentía que mi casa ya no era mi hogar. Así que echaba de menos algo que ya no existía. Cuando te haces adulto, tu tarea consiste en crear tu propio concepto de hogar para ti y tu familia".

Por Sebastián Chávez Peña