jueves, enero 25, 2007

'Driving Miss Daisy' (1989) de Bruce Beresford; sencillez en estado puro



Boolie Werthan (Dan Aykroyd) es un judío adinerado que maneja una gran empresa en Atlanta, Estados Unidos, en la década del 50’. Un día, su madre, Daisy Werthan (Jessica Tandy), comienza a tener problemas con su auto, ya que por la vejez no puede manejar como antes, ni siquiera sacar el vehículo de la casa. Es por esto que Boolie decide contratar a Hoke Colburn (Morgan Freeman) –un educado afro americano de edad- como chofer personal de la señora Daisy. Pero ella se niega a servirse de las asistencias que humildemente Hoke le otorga sólo por 7 dólares a la semana.

Durante el transcurso de la película la señora Daisy y su chofer Hoke, sin darse cuenta entablan una valiosa relación de amistad que lentamente se va haciendo más y más fuerte, perdurando por muchos años.

En un comienzo, Morgan Freeman le manifestó a Bruce Beresford, director de la cinta, que era estúpido llevar a la pantalla grande una historia acerca de un negro añejo y una anciana judía. No se imaginó nunca el impacto que dicha cinta causaría en la industria cinematográfica, resultando ganadora de variados galardones, tales como: mejor película, mejor actriz principal (Jessica Tandy), mejor maquillaje (Manlio Rocchetti, Lynn Barber y Kevin Haney) y mejor guión adaptado (Alfred Uhry) en los Premios Oscar, y además triunfando en los Globos de Oro, obteniendo tres galardones (mejor película musical o de comedia, mejor actor principal: Morgan Freeman y mejor actriz principal: Jessica Tandy… nuevamente) y muchos premios más en otros festivales.

Esta absorbente historia que mezcla comedia y drama de manera sutilmente calibrada, proviene de un guión fabricado para una obra teatral, escrito por el mismo Uhry, quién además se encargó de adaptarlo para el cine. Uhry se hizo tan famoso con este título que llegó a ganar el Premio Pulitzer para obras dramáticas. Y no está demás recalcarlo, pues el relato impactó de sobremanera en lo más profundo del público.

Una conmovedora historia que se desliza por la simplicidad de calidad, rozando incluso aspectos de valor social, como por ejemplo el racismo y la relación humana retratada de manera particularmente enternecedora. Sin grandes tumultos escenográficos se retrata las décadas pasadas, y el resultado se eleva a la altura de la narrativa, gracias al tremendo impulso interpretativo que alcanza Freeman, en uno de los mejores papeles de su vida, sin olvidarnos de la fallecida Jessica Tandy, quién plasma el peso de la edad de manera espléndida, tanto física como psicológicamente.

Un film que hay que ver. De esos que se contemplan con suavidad, con fina determinación, café caliente en mano, y mucho frío en alrededor. Esta es una película de otoño, para verla con la familia. Muy linda.

Por Sebastián Chávez Peña

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